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Sparwasser y el tanto que tumbó a ‘la otra Alemania’

RFA 0-1 RDA

Mientras sonaba el himno, la cámara de televisión desfilaba frente a la selección de la República Democrática Alemana. Los rostros de los futbolistas posaban serios, rígidos y solemnes. Todos menos el de Jürgen Sparwasser, que miraba a la lente sonriente. No era porque el jugador del Magdeburg se tomase a broma el histórico encuentro entre las dos selecciones alemanas, el irrepetible pulso entre el Este socialista y el capitalismo occidental, ni tampoco los francotiradores que sitiaban el estadio y el helicóptero que sobrevolaba continuamente el terreno de juego. Él sólo cumplía con la promesa que le había hecho a su familia antes del partido más importante de su vida: cuando la cámara le enfocase, él iba a sonreír o tocarse la nariz. Viendo su gesto risueño nadie podría imaginar que aquella tarde cambiaría su vida.

WC Alemania 74 - RFA, 0 - RDA, 1 - Jürgen Sparwasser, 0-1 (77')

​La República Democrática Alemana afrontaba su primer Mundial y un capricho del destino quiso que quedara encuadrada en el Grupo 1, junto a Australia, Chile y la República Federal Alemana. El vecino, el amado y odiado vecino, ejercía de anfitrión con un equipo temible que dos años antes había ganado la Eurocopa. La RDA, con un fútbol basado en convertir su propia área en una fortaleza, despachó sin dificultad a Australia y se aseguró la clasificación al empatar con Chile, que había llegado al Mundial tras golear 5-0 en una patética pantomima sin rival, ya que la URSS, la favorita en aquella eliminatoria, no se presentó en señal de protesta por el alzamiento militar que había derrocado el régimen socialista de Allende. La RFA, aunque no convencía con su juego, también llegaba al partido ya clasificada para la siguiente fase, por lo que el envite, sin nada en juego en lo deportivo, se convirtió en una cuestión de Estado a ambos lados del telón de acero.

Sobre el verde el equipo liderado por Franz Beckenbauer no tuvo problemas para controlar el partido, pero su superioridad territorial no se plasmó ni en ocasiones ni en goles. Y en el minuto 77, en una de las escasas veces en las que el equipo de la RDA se atrevió a salir al contragolpe, Sparwasser anotó el único gol del partido. “Por suerte calculé mal la trayectoria del balón que me llegaba desde la derecha”, relataría después el propio goleador. Quiso controlar el cuero con el pecho, pero el bote hizo que el balón se estrellara con su nariz. La extraña dirección que tomó el esférico le benefició y se metió en el área como una bala. Sólo hizo falta un amago para que el guardameta Maier se fuera al suelo antes de tiempo. Luego llegó el disparo “desde el Este con dirección al Oeste”, el gol, una voltereta y la locura.

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Ya en el hotel, Jürgen quiso salir a celebrar el triunfo por el Barrio Rojo de Hamburgo con dos compañeros, pero la Policía Fronteriza, que era la encargada de velar por la seguridad de su selección, le aconsejó que se quedara en su habitación. Los dos compañeros pudieron saborear las mieles de la noche, pero lo más emocionante que vivió Sparwasser fue el aviso de bomba que obligó a desalojar el hotel a las cuatro de la madrugada.

Al menos le quedaba el consuelo de saber que al regresar a su país le recibirían como un héroe, pero Sparwasser también se llevó una desilusión al comprobar el uso propagandístico que el régimen estaba haciendo de su gol. Muchos de sus paisanos vieron en su hazaña un acto de amor por el partido gobernante, lo cual le repugnó e incluso se vio en la obligación de desmentir públicamente que hubiese recibido una casa, un coche y dinero como recompensa. Su hastío le empujó a huir a la otra Alemania. Fue en 1988, aprovechando que cruzó el muro para jugar un partido de veteranos.

“Si en mi lápida pusiese ‘Hamburgo 1974’, todos sabrían quién yace debajo”. Sparwasser asume que aquel gol ha sido, es y será el acto por el que se mide su existencia en la actual y en las anteriores Alemanias. Al Este del muro los halagos y el recelo se dividían en partes iguales y, en el Oeste, pronto prendió la idea de que aquel fue el punto de inflexión que despertó al equipo. La RFA ganó el Mundial. Tiempo después, el propio Franz Beckenbauer le dijo a la Federación Alemana de Fútbol que debería entregarle la medalla número 23 de vencedor del Mundial a Sparwasser. Ese gesto del Káiser le hizo sospechar al propio Jürgen que tal vez el capitán del equipo campeón fuese el remitente anónimo de un telegrama que recibió en su casa diez minutos después de terminar la final y que llegaba desde Alemania Occidental. Solo tenía una frase: “Spary, toda Alemania te da las gracias”.

Dibujo: David Gallart /  @MoviolaGol

Texto: Aner Gondra /  @AnerGondra

Redacción Kaiser

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