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Marco van Basten, su gol más recordado en viñetas

El gol de van Basten a la URSS

“Es el nuevo Johan Cruyff”. La presentación se antojaba un tanto alta de miras. Ataba una losa al cuello de un espigado delantero holandés que había dejado destellos en el Mundial sub'20 de 1983. Si esperan que seas el sucesor de Cruyff, te están empujando por un trampolín muy alto bajo el que, seguramente, no haya nada bueno: mucha presión, demasiadas expectativas y un sopapo de cruda realidad. Pero resulta que el dedo acusador, el que profetizaba un nuevo ídolo naranja, era del propio Johan Cruyff. El mejor jugador neerlandés de la historia sabía de lo que hablaba: Marco Van Basten había debutado en el Ajax en abril de 1982, con 17 años, y fue precisamente sustituyéndole en un encuentro ante el NEC Nijmegen. La joven promesa no se arrugó: en su estreno marcó un gol de cabeza.

urss holanda van basten

Si Van Basten prometía espectáculo en el jardín de infancia de la selección oranje, su máximo esplendor llegaría cinco años después en la final de la Eurocopa de Alemania ante la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). Aquel 25 de junio de 1988, en el Olímpico de Múnich, el entonces delantero del Milan se inventó una de las mejores voleas de la historia del balompié. Su gol cerraba el capítulo más importante del fútbol neerlandés, ya que aquel título continental es el único del que presume el país de los tulipanes pese a haber contado con varias generaciones de futbolistas que se han codeado con los mejores equipos del planeta.

El seleccionador de Países Bajos, Rinus Michels, arrancó el torneo confiando en John Bosman para la delantera. Van Basten había sido operado de la clavícula en su primera campaña en Italia y apenas había disputado once jornadas de Liga. Marco, con ocho meses sin poder jugar con la selección, tenía que ganarse la confianza de Michels. La URSS venció 0-1 a Países Bajos en el primer partido de la fase de grupos, por lo que en el segundo envite, tan sólo tres días más tarde, van Basten entró en el once titular para plantar cara a Inglaterra. Marco demostró que era uno de lo mejores delanteros del mundo y anotó tres dianas que dejaban al equipo en disposición de pasar a las semifinales… siempre que ganase a Irlanda. Win Kieft se encargó de pasar ese trámite.

Van Basten 2

En semifinales esperaba la temida Alemania Federal. Lothar Matthäus encarriló el partido con un gol de penalti, pero a falta de un cuarto de hora para el final van Basten escenificó un piscinazo digno de oscar a los mejores efectos especiales para cobrarse un penalti que indignó al país anfitrión. Ronald Koeman aprovechó el regalo para empatar el partido. En el minuto 88 van Basten se zafó de Kohler y superó a Immel para meter a Países Bajos en la final. Allí se debían de ver las caras de nuevo con la URSS. Eso sí, esta vez con una pequeña diferencia respecto al primer partido del torneo: Van Basten sería titular.

Gullit adelantó a Países Bajos pasada la media hora, pero la obra de arte de la tarde la firmó Marco van Basten en el minuto 54. Arnold Mühren centró desde la banda izquierda. El balón se fue largo. Muy largo. Pero Marco no lo dio por perdido y, llegando en carrera atacó el balón. En la frontal del área pequeña esperaba Gullit entre dos defensores. Si la cosa salía bien, tal vez van Basten lograse centrar el baló al primer toque. Pero Marco era un genio y por su cabeza desfilaban otras ideas. “Cuando recibí el balón estaba un poco cansado y pensé: puedo pararlo y tratar de hacer algo entre todos esos defensas o, más fácil, arriesgarme y disparar. Todo fue bien. Es una de esas cosas que a veces, simplemente, ocurren”. Hizo lo fácil. Se arriesgó. Disparó. Y ocurrió. Bajo el larguero observaba la jugada Rinat Dasayev, considerado el mejor portero del mundo. No pudo hacer nada. El balón pasó por encima suyo como un misil. Saltó y estiró el brazo derecho, pero el cuero tenía ya establecida una parábola imposible para alojarse en la red, junto al palo más alejado. Dasayev aterrizó de pie, tambaleándose como un boxeador al que sólo le hacía falta un soplido para dar con la coronilla en la lona.

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Ese mismo año el delantero recibiría el primero de sus tres Balones de Oro. Ese triplete, hasta entonces, sólo lo habían conseguido Platini y Cruyff. Van Basten aportaba la elegancia a aquella generación de talento que se había pulido en Países Bajos en unos años en los que Ajax y PSV Eindhoven se erigieron como las mejores canteras de Europa. En la Eredivisie, tutelado siempre por Cruyff, ganó tres ligas, tres copas y una Recopa de Europa, siendo además el máximo goleador de la Liga en cuatro ediciones consecutivas. Con esa tarjeta de presentación no era de extrañar que enamorase a Berlusconi, quien lo reclutó para el Milan. Van Basten se mudó a la Serie A siendo una estrella mundial. Sólo tenía 23 años.

Pero en San Siro pronto descubrieron que al talento sin medida de van Basten le acompañaba un incómodo socio: el dolor. Toda la carrera del delantero estuvo marcada a fuego por lesiones que le apartaron de los terrenos de juego por periodos de tiempo prolongados. Ya en los Países Bajos, cuando se olía que el traspaso a Italia podía llegar en cualquier momento, Cruyff y van Basten pactaron que no jugaría en Liga la semana que tenían competición europea para cuidar un tobillo que ya había sido operado, aun cuando aquello provocase que al Ajax se le escapara un título de Liga. Al de poco de debutar con el Milan, van Basten tuvo que ser operado de la clavícula y se perdió gran parte de la temporada. Pero el principio del fin llegaría en 1992, cuando de nuevo el tobillo hizo que frenase en su escandalosa trayectoria como goleador. Marco desapareció del fútbol hasta la final de la Copa de Europa de 1993 ante el Olympique de Marsella. Jugó infiltrado, pero el dolor era insoportable y tuvo que retirarse del césped antes de tiempo pese a ir perdiendo 1-0. Tenía sólo 28 años, pero su andamiaje pedía a gritos que dejara el fútbol. Aquel fue su último partido. Trabajó contrarreloj para llegar a punto al Mundial de 1994, pero el Milan le obligó a desistir para intentar dejar atrás la lesión definitivamente. Para su desgracia, eso nunca ocurrió. Tiró la toalla en 1995. Con el equipo rossonero ganó tres ligas, dos Copas de Europa, dos Supercopas de Europa y dos Intercontinentales. Normal que en su adiós Adriano Galliani se lamentara: “El fútbol pierde su Leonardo Da Vinci”.

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El fútbol de Van Basten estaba al alcance de unos pocos elegidos, pero el ariete vivía atado a un ancla, su cuerpo, que no soportaba las exigencias del deporte de élite. Incluso tras su retirada, cuando inició su carrera como entrenador, su cuerpo le volvió a exigir un peaje. Llegó a ser seleccionador de los Países Bajos y entrenador del Ajax. Después se hizo cargo del Heerenveen y, tras fichar por el AZ Alkmaar, un problema cardíaco le hizo entender que para seguir en los banquillos tendría que ser sin la presión del entrenador. Van Basten, resignado, asumió el rol de segundo entrenador. Está acostumbrado a la tiranía de su cuerpo, de sus huesos y músculos que se empeñan en someter su talento: llegó a tener que casarse con muletas.

Quienes admiraron el Milan de Sacchi, cuando escuchan el nombre de Marco van Basten, piensan primero en aquel maldito cuerpo que no estuvo a la altura de uno de los grandes genios del fútbol. Y después, al cabo de dos segundos, se acuerdan de aquella volea imposible que dejó sin habla a Dasayev.

Si en su nacimiento futbolístico fue Johan Cruyff el que habló sobre van Basten, en su retirada fue Maradona el que describió al neerlandés. Ambos habían sido grandes rivales en Italia, elevando el pulso futbolístico entre Milan y Nápoles a niveles desconocidos. Que Maradona y van Basten fuesen los mejores jugadores del momento no impidió que se admiraran. La despedida que le brindó el Pelusa nadie la escuchará en boca de Messi cuando Cristiano Ronaldo se retire o viceversa: “Si Dios ha decidido que ya no puede jugar más, será porque no quiere más goles bellos”.

Dibujo: David Gallart /  @MoviolaGol

Texto: Aner Gondra /  @AnerGondra

Redacción Kaiser

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1 Comentario en Marco van Basten, su gol más recordado en viñetas

  1. Buen perfil de un delantero que marcó la década de los 80. Personalmente lo conocí ya en su declive, pero todavía su nombre seguía inspirando temor.

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