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Julio Alberto y Koeman, el mártir y el héroe

Dos historias bien distintas

Había sido tal la suficiencia con la que el Barcelona se paseó aquella temporada por los campos de España, que el conjunto entrenado por Johan Cruyff se permitió el lujo de recibir el trofeo de campeón ante su afición en la penúltima jornada de la Liga, incluso haciendo totalmente irrelevante la visita que debían rendir al eterno rival en el último encuentro de la competición.

Barcelona Juve 2

Aquel dos de junio de 1991 Julio Alberto jugó su último partido de Liga. Saltó al terreno de juego con el brazalete de capitán, un honor alcanzado tras nueve temporadas defendiendo el lateral izquierdo blaugrana, y vivió en primera fila la entrega del trofeo pese a que fue sustituido cuando solo se llevaba disputada media hora de juego.

Julio Alberto colgaba las botas a los 32 años, haciendo oídos sordos a algunas ofertas para seguir en activo en el extranjero, y dejando a sus espaldas un palmarés con dos Ligas, una Recopa de Europa, tres Copas del Rey, una Supercopa de España y dos Copas de la Liga. Su carácter, su entrega y, sobre todo, su endiablada velocidad, le hicieron también ser un fijo en la selección española, lo que le permitió formar parte del combinado estatal que participó en la Eurocopa de 1984 y en el Mundial de 1986.

Aunque nació en Asturias, Julio Alberto se formó como futbolista en las categorías inferiores del Atlético de Madrid. En 1976 recibió la última cocción de su formación en el Recreativo de Huelva y debutó en la élite con el club colchonero en 1977 de la mano de Luis Aragonés. El lateral se ganó un prestigio tras cuatro años en el Atlético y finalmente partió hacia Barcelona acompañado por su compañero Marcos Alonso. El cambio supuso encontrarse en el vestuario con hombres que en aquel momento pasaban por ser los mejores jugadores del mundo, como Diego Armando Maradona o Bernd Schuster. En las primeras campañas consiguió ganar una Copa del Rey, una Copa de la Liga y una Supercopa de España. La Liga no llegaría hasta 1985 y la Recopa de Europa hasta el 89. Su prestigio se multiplicó, sobre todo al poder formar parte de los albores del Dream Team de Cruyff, pero a Julio Alberto comenzaba a pesarle una losa por dentro: su andamiaje empezaba a envejecer y no conseguía ganar la Copa de Europa, la gran asignatura pendiente, por aquel entonces, de todo el barcelonismo.

Maradona Julio Alberto

En 1991 decidió colgar las botas. Lo pudo hacer con un buen sabor de boca, siendo campeón de Liga. El deseo de la Copa de Europa quedaría en su currículo en forma de dos recuerdos, los dos de la edición disputada en 1986. El primero era uno positivo, quizás su gol más importante. Fue ante la Juventus de Turín, en la ida de los cuartos de final. Un disparo suyo rodó desde unos cuarenta metros hasta la cepa del poste para inclinar la eliminatoria y dar a la postre el pase a las semifinales. En el otro lado de la moneda, con un sabor mucho más amargo, está la final de la Copa de Europa de esa misma edición. El Steaua de Bucarest se transformó en Sevilla en un equipo imposible de batir. Tras 120 minutos de juego el partido se vio condenado a los penaltis. Los dos equipos protagonizaron una de las peores tandas de lanzamientos que se recuerdan. Urruti detuvo los dos primeros penaltis de los rumanos, pero el Barcelona erró cuatro de sus penaltis y el sueño de la primera Copa de Europa se desvaneció para un Julio Alberto que había cuajado un gran partido.

Tal vez por eso el fútbol fue cruel con el futbolista asturiano. Tras su retirada, no supo asimilar su nueva vida lejos del balón. Ello, unido a una serie de contratiempos en otros órdenes de su vida, como el incendio de su tienda de motocicletas, por ejemplo, le empujó al oscuro mundo de la adicción a las drogas. Julio Alberto tocó fondo, pero con el paso de los años consiguió rehabilitarse. Desde entonces, además de realizar labores sociales para el Barcelona, ha trabajado para diferentes asociaciones que luchan contra la droga. En su libro autobiográfico que tituló ‘Mi verdad’ llegó a confesar escenas muy crudas: “Una vez me tendí en la carretera para ser atropellado, pero el camión pasó a mi lado”.

Los caprichosos dioses del fútbol quisieron que el Barcelona consiguiese ganar la Copa de Europa en 1992, en la primera temporada que el equipo jugaba sin Julio Alberto. Si en aquellos momentos en el exlateral se estaban cebando la miseria y la soledad, la heroicidad de aquella final londinense recayó en Ronald Koeman, un defensa tocado por la varita mágica del éxito. El neerlandés ya sabía lo que era ganar la Copa de Europa, puesto que la había ganado como jugador del PSV Eindhoven en 1988.

Koeman ganó dos Copas de Europa en 1988 y 1992, mientras que Julio Alberto no pudo levantar ninguna

Para estrenarse con la orejona el Barcelona tenía que superar a la Sampdoria, el mismo conjunto italiano al que tres años atrás le había ganado en la final de la Recopa de Europa. Pero aquel partido de Wembley parecía seguir el mismo guión que la final de 1986 contra el Steaua de Bucarest. El minuto noventa se esfumó con empate a cero y en la prórroga todo parecía indicar que el título se decidiría a los penaltis. Pero en el minuto cinco de la segunda parte de la prórroga el mundo se paró. El árbitro concedió una falta unos tres metros por detrás de la media luna del área italiana. En cualquier otro partido el lanzamiento hubiese parecido demasiado lejos como para ponerse a temblar, pero con un especialista en el golpeo a balón parado como Ronald Koeman aquello podía ser decisivo.

Los jugadores de la Sampdoria lo sabían y su nerviosismo a la hora de protestar la falta y colocar la barrera evidenciaba que se temían lo peor. Mientras tanto, junto al balón, Stoichkov y Bakero cogían posiciones para poner en marcha una mecánica mil veces repetida. A dos pasos de ellos Koeman cogía aire, que es lo único que puede hacer un francotirador en la soledad previa a apretar el gatillo.

koeman 1992

El árbitro hizo sonar el silbato. En el segundo y medio que Stoichkov empujó el balón hacia Bakero y este lo paraba con el pie, tres jugadores de la Sampdoria salieron disparados de la barrera rogando a todos los dioses habidos y por haber que, por favor, sus cuerpos se expandiesen por un instante para impedir que el balón fuese más allá de sus nalgas. Ronald chutó, el balón no se topó con nadie por el camino y terminó alojándose en la portería, a la derecha de un Pagliuca que no pudo más que estirarse para la foto.

En el partido ya no hubo más. El Barcelona consiguió por fin su primera Copa de Europa. Koeman pasaba a la historia por su buena estrella y en algún lugar Julio Alberto se preguntaba qué había hecho él para merecerse semejante regate de la fortuna.

Dibujo: David Gallart (@moviolagol)

Texto: Aner Gondra (@anergondra)

Redacción Kaiser

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