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El gol más importante de Javier Zanetti

El hombre que se transformó en el escudo del Inter

Final de la Copa de la UEFA 1998, Lazio 0-3 Inter

Nadie sabía cuándo acabaría su cuenta de partidos oficiales con la camiseta del Inter, pero en un duelo ante el Cesena un grupo de aficionados ya intuía que la lista se iba a alargar considerablemente. “Javier Zanetti, superaste al Tío y todavía pareces su sobrino”, rezaba su pancarta. Aquel día el jugador argentino dejaba atrás los 519 encuentros de Giuseppe Bergomi, con quien llegó a compartir vestuario en sus primeras campañas en Italia.

Zanetti colgó las botas a los 40 años, dejando una marca para la historia: 851 partidos oficiales como interista, 608 de ellos en la Serie A. Y todos sin despeinarse, porque Javier Zanetti, para desgracia de su estilista milanista, nunca cambió de look. Ese detalle escondía una de las claves para que Zanetti pudiera aguantar en la élite aun siendo un cuarentón. La sobriedad, la rectitud y un orden inquebrantable en su vida le permitieron mantener bien engrasado su andamiaje. Javier es un hombre de ideas fijas.

Mantiene el mismo corte de pelo desde los diez años, edad que tenía cuando su padre le propuso hacer una prueba en un club de fútbol aunque eso supusiese tener que dejar de ayudarle en la obra. Sigue casado con Paula, a quien conoció en 1992, y nunca quiso marcharse del Inter de Milán, club en el que completó 19 temporadas. En las nueve primeras sólo consiguió ganar una Copa de la UEFA, pero en las diez siguientes, siendo ya Il Capitano, sumó a su palmarés cinco Ligas, cuatro Copas, cuatro Supercopas, una Liga de Campeones y un Mundialito de Clubes. Era la recompensa a su lealtad inquebrantable.

Los triunfos tardaron en llegar, pero Zanetti jamás se rindió

Tras aprender a ser futbolista en Talleres de Remedios de Escalada, Javier Zanetti tuvo la oportunidad de debutar en Primera con un recién ascendido, el Club Atlético Banfield. Allí asombró durante dos temporadas jugando como lateral derecho. Su portentosa capacidad física y su resistencia le permitieron destacar, sobre todo en un partido contra River Plate que le colocó en las agendas de clubes de media Europa. Con sólo 19 años hizo las maletas y se fue a Milán, donde fue presentado junto al goleador Sebastián Rambert. El delantero centró la atención de los focos y nadie se dio cuenta de que al lado sonreía un joven que se convertiría en una leyenda del club.

Foto: Internazionale.fr

Foto: Internazionale.fr

Zanetti nunca ha escondido que llegar a un país nuevo, con otro idioma y otra cultura, fue todo un reto para él. “Milán es un monstruo que hay que conocer”, señala dos décadas después. A pesar de todo, se convirtió en un fijo en el once interista desde el primer día. A lo largo de los años ha coincidido en el equipo con muchos de los mejores jugadores del mundo: Ronaldo, Bergkamp, Zamorano, Simeone, Ibrahimovic, Seedorf, Vieri, Roberto Carlos, Baggio… La lista es interminable. Pero la voracidad de gloria y talento del Inter es insaciable. Todo jugador tomaba parte cada año en la ruleta rusa de bajas y traspasos. Todo se podía vender. Todo menos Javier Zanetti.

El paso del tiempo no parecía hacer mella en el argentino. Sus cualidades como lateral las trasladó a cualquier posición de la defensa y terminó convirtiéndose en un centrocampista de lujo. Su capacidad para recorrer la banda incansablemente la adaptó a la zona ancha, donde se especializó en destruir el juego del rival de izquierda a derecha. El propio Ruud Gullit habló maravillas de Zanetti en una entrevista para El Gráfico: “Puede jugar en cualquier puesto y en todos rinde por igual. Es el futbolista argentino más inteligente que uno puede encontrar”.

Foto:  Pinterest

Foto: Pinterest

Y por supuesto nunca dejó de mirar al campo contrario. Uno de sus goles más celebres lo marcó en la final de la Copa de la UEFA de 1998 ante la Lazio. Cazó un balón fuera del área y su disparo se coló en la meta romana como un misil. Parecía que aquel era el punto de partida de un Inter imparable, pero los títulos no llegarían hasta varios años después. El fútbol premió el sacrificio y el compromiso de Javier.

Él mismo ha reconocido numerosas veces que la clave para poder alcanzar sus metas han sido “la constancia para entrenar y cuidarse”. Si no, que se lo pregunten a su mujer, que tuvo que darle su bendición para entrenar la mañana siguiente de su boda.

Con el paso del tiempo Zanetti, pese a ser extranjero, se convirtió en el hombre que representaba todos los valores del club lombardo. No tardaron en compararlo con un símbolo del Inter, Giacinto Facchetti, otro lateral que bajo las órdenes de Helenio Herrera acumuló 634 partidos con la elástica del Inter. Precisamente tras su muerte en 2006, Zanetti saltó al campo con un brazalete en su honor en el que se podía leer: “Eres todo lo que un hombre debería ser. Te vamos a extrañar”.

Fue referencia intachable, dentro, y fuera del campo

Es uno de los muchos detalles que dejó a lo largo de su carrera. Paralelamente a su trayectoria como futbolista, Javier Zanetti ha sido un referente desde el punto de vista de la solidaridad. Creó una fundación benéfica a la que bautizó con su apodo, Pupi. Por Un Piberío Integrado se dedica a ayudar a cientos de niños y jóvenes con problemas. Empeñado en ser él mismo el mayor ejemplo de corrección y rectitud, no es de extrañar escucharle sobre los problemas de la actual sociedad argentina: “Si a un chico le enseñas a decir ‘por favor y gracias’ está hecha gran parte del trabajo”.

Foto: revistaintercole.com.ar

Foto: revistaintercole.com.ar

El argentino no dudó tampoco en recoger el guante que lanzó Bruno Bartolozzi en 2004. El dirigente interista se conmovió cuando en Chiapas los paramilitares destruyeron una pequeña infraestructura para el transporte de agua y activó la maquinaria de un club que acostumbra a esmerarse en acciones sociales. El capitán convenció a sus compañeros para que donasen a la causa zapatista el dinero que tenían acumulado por las multas de retrasos y otras faltas leves. Unos 5.000 euros y gran cantidad de material viajó de Milán a México para paliar el daño sufrido por la comunidad zapatista.

Más adelante Zanetti y sus compañeros también colaboraron en la compra de una ambulancia y fue inevitable que el subcomandante Marcos y sus camaradas del Ejército Zapatista de Liberación Nacional manifestasen su simpatía y su devoción por el Inter de Milán en general y por Javier Zanetti en particular.

Foto: qn.quotidiano.net

Foto: qn.quotidiano.net

El zenit de la carrera futbolística de Zanetti llegó en 2010, cuando de la mano de Mourinho pudo levantar el trofeo de la Liga de Campeones. El Inter de Milán no llegaba a una final de Copa de Europa desde hacía 45 años y, caprichos del destino, aquel era el partido 700 del capitán.

Zanetti no sintió tanto que su vida como futbolista se agotaba como cuando se rompió el talón de Aquiles en abril de 2013. Su empeño le hizo regresar a las canchas siete meses después. No sería hasta el 29 de abril del año siguiente cuando anunció que se iba a retirar al terminar la temporada. El club y la afición no pudieron más que rendirse ante su último abanderado. Desde entonces ejerce como vicepresidente del Inter de Milán.

Con traje y corbata, pero sigue luciendo el mismo escudo en el pecho.

Sigue casado con la misma mujer y, por su puesto, no ha traicionado a su corte de pelo. Zanetti mira atrás. Deja 22 años como profesional,  casi dos décadas de entrega a la causa nerazzurra y más de 850 partidos con la misma camiseta. Sólo se le ocurre una cosa que no ha podido cumplir. Nadie es perfecto: “Nunca hice un gol de cabeza. Ni estuve cerca de hacerlo”.

Dibujo: David Gallart (@moviolagol)

Texto: Aner Gondra (@AnerGondra)

Redacción Kaiser

La revista digital Kaiser Football está compuesta por periodistas apasionados por el fútbol. Tratamos de acercar la mejor información con los mejores colaboradores.

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