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Dépor vs Milan. Las viñetas de una remontada indecente

Moviolagol

DEPOR MILAN

La Torre de Hércules todavía vibraba ligeramente. Eran las secuelas del terremoto futbolístico que la víspera había sacudido Europa. El todopoderoso Real Madrid se había derrumbado contra todo pronóstico a manos del Mónaco, quedándose sin poder jugar las semifinales de la Liga de Campeones.

En la competición quedaba sólo como gran favorito el Milan de Carlo Ancelotti, que había encarrilado su cruce de cuartos de final aplastando al Deportivo de La Coruña en San Siro por 4-1. Los italianos aterrizaron en Galicia envueltos en sus trajes de alta costura y con esa flema de suficiencia máxima que sólo eran capaces de escenificar Nesta, Maldini y Pirlo. Por si quedaba alguna duda de que los rossoneri iban a estar en la siguiente ronda, Ancelotti regaló una perla: “El Milan debe confiar en el resultado de la ida, tiene que jugar como sabe. Antes de un partido nunca pienso que podemos perder”.

No podían perder por los quilates de una alineación casi perfecta (Dida, Cafú, Maldini, Nesta, Pancaro, Gattuso, Seedorf, Pirlo, Kaká, Tomasson y Shevchenko) y porque nadie en la historia de las eliminatorias directas de la Liga de Campeones había remontado una desventaja de tres goles. Pero Jabo Irureta, en una semana en la que no había ya nada que perder, se encomendó al remedio que todo lo soluciona desde hace siglos en Galicia: invocó al Apóstol Santiago. “Si hace falta, voy de rodillas”. La promesa debió de parecer sincera en el más allá, porque lo que le aconteció en Riazor el 7 de abril de 2004, en plena Semana Santa, no se puede explicar con argumentos de este mundo.

 “Antes de un partido nunca pienso que podemos perder”, dijo Carlo Ancelotti antes de jugar el partido de vuelta. 

Los jugadores del Dépor se conjuraron durante el calentamiento. Si podían soñar con lo imposible, ¿por qué no iban a intentarlo? Su fe no tardó en tener recompensa. Sólo hicieron falta cinco minutos para que Walter Pandiani, que ya había inaugurado el marcador en el partido de ida, pusiese el 1-0 con un zurdazo desde la frontal del área. Todo Riazor empezó a pensar que el milagro era factible. Incluso el Milan, que se apañó en crear un par de ocasiones de gol que Molina desbarató.

Champions League - RC Deportivo, 4 - AC Milan, 0 - Pandiani, 1-0

En el minuto 35 fue Albert Luque el que sirvió un balón desde la izquierda para que Valerón lo convirtiese en gol con la cabeza. El Deportivo se creció y a los italianos, que ya no se acordaban de las palabras de Ancelotti ni de qué demonios era eso del balompié, las rodillas empezaron a sonarles como castañuelas.

Champions League - RC Deportivo, 4 - AC Milan, 0 - Valerón, 2-0

El delirio, el orgasmo generalizado, llegó al borde descanso, cuando el propio Luque reventó el balón con un cañonazo marca de la casa que Dida todavía está buscando en sus sueños. La eliminatoria ya estaba del lado gallego. El Deportivo ya había hecho lo más difícil, pero todavía quedaba el segundo tiempo.

Champions League - RC Deportivo, 4 - AC Milan, 0 - Luque, 3-0

Cuando el suizo Urs Meier pitó el final de la primera parte, se vivió una escena que representaba fielmente lo que estaba sucediendo durante el choque. Los once jugadores deportivistas esprintaron hasta el túnel de vestuarios, como si quisieran que aquel paréntesis reglamentario fuese sólo un suspiro, una tregua breve e insignificante. En el césped dejaron solo al equipo italiano. Los milanistas, abandonados y abatidos, caminaban sin prisa al encuentro de Ancelotti, confiando tal vez en que él les daría la brújula para encontrarse en aquel infierno blanquiazul.

El Milan regresó al terreno de juego con algo más de ferocidad. Carlo Ancelotti confió en Serginho y Filippo Inzaghi, un hombre que mantenía un perpetuo romance con la Liga de Campeones, para revertir el escenario al que se habían visto empujados. Pero del banquillo también surgió el capitán del Deportivo. El cuarto gol, el definitivo, fue obra de Fran, quien sabía lo que era amar la camiseta coruñesa desde que estaba en Segunda, antes de que ganara la Liga, dos Copas y de que al equipo lo rebautizaran con superlativos.

Champions League - RC Deportivo, 4 - AC Milan, 0 - Fran, 4-0

El 4-0 enterró en el olvido el partido de la ida y, con él, al que era el vigente campeón. Los italianos volvieron a su casa con sus trajes y su pose de amantes descuidados sin entender muy bien qué había pasado sobre el césped. Diez años después, en un libro autobiográfico, Andrea Pirlo posó su atención en aquel capítulo negro de su carrera. “Los jugadores del Dépor eran como hombres poseídos, galopando hacia un objetivo que sólo ellos podían ver. Nosotros nos quedamos completamente ciegos y abrumados”, recordaba, “por primera vez en mi vida me he preguntado si la gente con la que compartía el campo podía haberse tomado algo”.

La insinuación de que aquel Deportivo que creyó en el milagro podía haberse dopado no hace más que evidenciar lo lejos que estuvo el Milan de lo que se esperaba de él aquella noche. Pirlo, por si acaso, tiraba la piedra y escondía la mano: “No es una acusación, sino simplemente un pensamiento indecente”. Andrea se equivocaba, lo indecente fue la remontada. 

Dibujo: David Gallart / @MoviolaGol

Texto: Aner Gondra / @AnerGondra

Redacción Kaiser

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