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Éric Cantona, el más diablo de los diablos rojos

Analizamos su golazo histórico

Hay quien se lanza al suelo para resbalar sobre el césped. Otros se abrazan con sus compañeros formando una piña o enseñan al mundo sus dotes de bailarín. También hay quien se quita la camiseta. Rivaldo incluso empezaba los partidos con dos elásticas para lanzar una de ellas a la grada tras marcar un gol. Kiko puso de moda el arquero, Bale y Di María el corazón silueteado con sus dedos y Cristiano un grito al que le puso el copyright al recibir su último Balón de Oro. Hay mil maneras diferentes de celebrar un gol, pero ninguna será tan genial como el gesto de Éric Cantona al anotar uno de los tantos más bellos de su carrera. Fue en diciembre de 1996 ante el Sunderland. Aquella celebración decía mucho del carácter del jugador francés, de su manera de ser y de lo que transmitía en el terreno de juego.Premier League 1996-97 - Manchester United, 5 - Sunderland AFC, 0 - Eric Cantona, 5-0 (80') (1)

El que ya era entonces capitán del Manchester United se hizo con el balón en el centro del campo, donde se dedicó a caracolear y quebrar a dos adversarios del Sunderland. Vio un pasillo por el que esprintó como el diablo que era. De nuevo se encontró con un defensa dispuesto a frenarle, pero Cantona lo eludió tirando una pared con su compañero McClair. El balón regresó a su poder sobre la línea de la frontal del área y allí, con un único toque sutil, se inventó una vaselina que fue a parar a la escuadra derecha de la portería. Mientras el público celebraba aquella obra de arte entre saltos y gritos, Éric se quedó en el mismo sitio desde el que había anotado y giró sobre sí mismo con calma. Por encima del pedestal que formaban los cuellos levantados de la camiseta, su mirada hacía un barrido a la grada. Con las manos flotando junto a sus caderas parecía un pistolero del salvaje oeste un segundo antes de desenfundar su revólver. Al completar la vuelta, por fin, levantó los brazos. Todo el mundo entendió a la perfección su mensaje: “Soy el puto amo”.

Fue, sin duda, un jugador diferente, capaz de marcar la diferencia en cualquier momento. Pero a pesar de ser uno de los mejores jugadores del planeta en su momento, a Cantona siempre le persiguió un valor añadido que no siempre jugó a su favor: su mala leche. Si consiguió que en 2001, cuatro años después de su retirada, le reconocieran como el mejor jugador del United del Siglo XX, fue gracias a ese carácter indómito que le hacía superar cualquier adversidad y maximizar el talento que se acumulaba por debajo de sus pobladas cejas. Pero a veces no había manera de contener esa rabia cultivada desde la infancia en su humilde hogar de Marsella. A lo largo de su carrera Cantona protagonizó una serie casi interminable de episodios polémicos digna también de entrar en la historia del fútbol.

Cantona Montpellier

Su primer problema disciplinario fue en 1987, en el Auxerre, cuando tuvo un pequeño roce con su compañero Bruno Martini. Un año después fue suspendido tres meses por una dura entrada sobre Michel Der Zakarian, del Nantes. Su club amenazó con no ceder a Cantona a la selección francesa y la sanción se redujo finalmente a dos meses.

A pesar de estos problemillas, el Olympique de Marsella lo fichó por 22 millones de francos. Éric salió cedido al Montpellier, donde un día quiso hacerle entender a su compañero Jean-Claude Lemoult que él tenía razón en una discusión lanzándole las botas a la cara. Seis compañeros de equipo pidieron su despido, pero Laurent Blanc y Carlos Valderrama mediaron para que todo quedase en diez días sin sueldo.

Mientras Cantona buscaba la esencia de su mejor fútbol dentro de sí mismo, lo peor de él seguía aflorando un día sí y otro también. Estando en el Nimes otro enfado suyo desembocó en un pelotazo a un árbitro. Le sancionaron durante un mes, pero Éric no se quedó a gusto hasta que no llamó idiotas a los miembros del comité que le sancionaba. El castigo se multiplicó por dos, lo que colmó el pequeño recipiente en el que reposaba la paciencia del jugador: para sorpresa de todos anunció su retirada del fútbol.

Cantona

En Francia todavía había gente de fútbol que creía en el talento de Cantona. Gerard Houllier y Michel Platini decidieron no tirar la toalla y trataron de convencer a Cantona de que siguiese en activo. Ellos fueron quienes le hicieron ver que existía un lugar en el que su fútbol tenía un hueco: Inglaterra. El futbolista decidió abandonar el continente para probar suerte al otro lado del Canal de La Mancha y reconoció que había sido vital el consejo y apoyo de su psicoanalista, un tipo que, visto el carácter que gasta el francés, se ganó cada franco que cobraba por tratarle.

Estuvo a prueba en el Sheffield pero, ante la negativa del club para contratarle, decidió firmar por el Leeds United, con quien acabaría ganando la Liga. Su buen hacer llamó la atención de Alex Ferguson, quien lo contrato para el Manchester United. Ese traspaso fue clave para el resurgir del equipo de Old Trafford, que llevaba más de 25 años sin ganar la Liga. Con la camiseta de los red devils Cantona siguió coleccionando tarjetas rojas y sanciones, pero su fútbol alcanzó cotas desconocidas en él, por lo que no tardó en convertirse en un ídolo de la afición.

El momento de mayor fama de Éric Cantona llegó el día en que respondió a una provocación de un aficionado del Crystal Palace con una patada de karate. Fue el 25 de enero de 1995, hace ahora veinte años. Cantona fue expulsado por una entrada sobre Richard Shaw y al dirigirse a la banda se las vio con Matthew Simmons, un aficionado que bajó a toda prisa once filas para insultarlo: “Vuelve a Francia con tu puta madre, bastardo”. La reacción fue tan inmediata como brutal. El jugador saltó de manera espectacular y le clavó la planta de la bota en el pecho. El incidente tuvo gran repercusión a nivel mundial, por lo que la sanción fue ejemplar. Cantona fue apartado de los terrenos de juego durante nueve meses y fue condenado a dos semanas de prisión, una pena que finalmente fue sustituida por 120 horas de servicios comunitarios. Una vez cumplida la sanción, Cantona protagonizó una de las ruedas de prensa más legendarias del fútbol inglés. Con gesto serio soltó una frase que quedaría para la historia: “Cuando las gaviotas siguen el pesquero, es porque piensan que van a tirar sardinas al mar”.

www.paloygol.com

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Cantona regresó al once titular del United y a final de temporada anunció su retirada. Sólo tenía 30 años. A partir de ahí canalizó su furia en los escenarios de teatro y en el cine, pero siempre ha tenido que darle vueltas a la idea de que tal vez se retiró antes de tiempo, cuando todavía le quedaba mucho fútbol en las piernas. “Siento que lo dejé demasiado joven. Me encantaba jugar, pero ya no tenía la pasión suficiente para ir a la cama temprano, para no salir con mis amigos, no beber y no hacer un montón de cosas, las cosas que me gustan de la vida”.

Para su consuelo le quedó un palmarés plagado de títulos de Liga. Cantona ganó las seis últimas Ligas que disputó de manera completa. En la campaña 1990/91 ganó la Liga francesa como jugador del Marsella y en su primer año en Inglaterra conquistó la Liga con el Leeds United. Una vez en el Manchester United, entre 1993 y 1997, sumó cuatro Ligas a su palmarés, dejando sólo sin ganar la que él estuvo sancionado por su patada a Simmons y que se llevó el Blackburn Rovers.

Cantona nunca ha escondido que le gustaría seguir formando parte del Manchester United de alguna manera, pero su oposición a la familia Glazer le cierra por ahora las puertas de Old Trafford. Mientras tanto se entretiene liderando la selección francesa de fútbol playa, quizás para endulzar su discreta trayectoria con la camiseta del gallo durante su estancia en la élite. Entre el glamour del cine también encontró un hueco para trabajar como mánager del Cosmos de Nueva York.

Incapaz de dejar atrás su halo de rebeldía, Éric lideró una campaña para castigar a las entidades bancarias por su culpa en la gestación de la actual crisis económica. Cantona quiso que los ciudadanos provocasen el caos financiero sacando sus ahorros de los bancos el mismo día: el 7 de diciembre de 2010. Cuatro años después los directivos de los bancos siguen encendiendo puros con billetes ardiendo, por lo que es evidente que la revolución social propuesta por el delantero galo no cuajó lo suficiente. Pero seguro que Cantona lo vuelve a intentar en el futuro. Un tipo capaz de llamar “bolsa de mierda” a su seleccionador nacional y de despachar hooligans a lo Bruce Lee no se rinde tan fácilmente. No olviden que era el puto amo.

Dibujo: David Gallart /  @MoviolaGol

Texto: Aner Gondra /  @AnerGondra

Redacción Kaiser

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