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Matías Almeyda: “Quiero seguir perfeccionando mi estilo”

Entrevista con el entrenador y exjugador argentino

Desde sus experiencias como futbolista hasta aquellas que involucraron a los tifosi en su época en Italia. Matías Almeyda (Argentina, 21/12/1973), quien devolvió a Primera a River en 2012 tras recorrer un sinuoso camino, dejó el cargo recientemente en Banfield y busca seguir puliendo un estilo ofensivo.

Foto: infobae.com

Unas horas después de que el descenso se transformase en realidad, le propuso a Daniel Passarella, presidente de River, la posibilidad de hacerse cargo del primer equipo. Sentía la necesidad de devolver al club a Primera División, por lo que abandonó la práctica del deporte e inició su periplo como entrenador. Eran días de tensión, pero en una temporada repleta de presiones pudo cumplir con el objetivo. Ya su huella como jugador era imborrable, y conseguía dejarla también en el banco de suplentes.

Tiempo antes, había retornado al club en el que comenzó su carrera, para finalizarla tras varios años en Europa y un breve retiro que no fue tal. Caracterizado por su capacidad de liderazgo y por ser un mediocampista central que brindaba orden al equipo, acumuló experiencias en España e Italia. Actualmente, tras abandonar la dirección técnica de Banfield, su ambición es buscar nuevos horizontes.


Pregunta: Apenas consumado el descenso, decidió hacerse cargo de River en la B Nacional. ¿Por qué tomó esa decisión? 

Respuesta: Creo que fue una de las decisiones que tomé más rápido en mi vida, y lo hice por puro sentimiento. Se me mezclaron muchos, de los buenos y de los malos, pero el amor al club resultó el más fuerte. Quería devolverle algo de todo lo que me había dado en mi carrera, su lugar. Sabía que no iba a ser fácil, estábamos muy dolidos, pero aún así, no lo dudé. Venía pensando en la idea en dirigir, incluso había armado algunas cosas en los últimos años, pero jamás me imaginé semejante comienzo.

P. ¿Cómo fue dirigir a River en la segunda categoría?

R. Durísimo, desde todo punto de vista, la situación institucional era compleja y eso se trasmitía, se complicaba armar una pretemporada o simplemente comprar un elemento de trabajo. Ahí se hizo fuerte el grupo y pudimos ir sacando lo mejor de cada momento. La gente nos acompañó siempre, en todos lados recibíamos el apoyo de los hinchas, y entre todos encontramos la fuerza para salir adelante. Era mi primera experiencia y cometí errores, lo sufría desde lo personal. Hoy, con el tiempo, siento que estuve en el momento en el que debía estar.

P. Hace un tiempo dijo que River sería el Barcelona de Sudamérica. Muchos no confiaron en su sentencia. ¿Por qué pronunció aquella frase?

R. Muchos se rieron, y tan equivocado no estaba, hoy me río yo. A pesar de que la situación no era la mejor para sacar jugadores de divisiones inferiores, se hacía un gran trabajo, el factor humano compensaba muchas carencias. Y mientras estuve debutaron un montón de chicos, algunos que aún están en el club y otros que fueron muy bien vendidos. Lo veía desde chico, cómo se buscaban y se formaban futbolistas, y observando aprendí a saberlos llevar, a estar cerca, a no apurarlos, a saber elegir el momento. Me juntaba con los padres de muchos y charlaba, les pedía que los cuidaran. Uno de los casos que más me pegó fue el de Lucas Ocampos -hoy en Marsella-, la madre y el padre se venían al complejo de Benavidez -propiedad de Almeyda- para conversar conmigo. Y tan mal no le fue. Soy un agradecido a todos esos pibes que fueron hombres en aquel momento.

P. ¿Qué análisis hace de Gallardo y el presente del club?

R. Está bárbaro. Después de que me fui, trajeron a Ramón Díaz y su figura sirvió para calmar los ánimos después de una etapa tremenda. Se consiguió un título, eso descomprimió y la llegada de la nueva dirigencia le dio otro aire al club. Marcelo (Gallardo) está haciendo un gran  trabajo, tiene mucha personalidad, conoce el club, y la oportunidad le llegó con una madurez absoluta. Es muy trabajador, ha sabido cambiar a tiempo algunas cosas en su estilo de juego y logró darle a River la tan ansiada Libertadores, además de la Sudamericana, la Recopa y la Suruga Bank. La gente está feliz y disfruta después de tanto dolor. Y yo soy uno más que lo vive con alegría.

“Marcelo Gallardo está haciendo un trabajo bárbaro en River, conoce el club y la oportunidad le llegó en una madurez absoluta”

P. En Banfield logró desarrollar un equipo dinámico, vertical, de juego asociativo. ¿Cuál fue la razón por la cual ese equipo no tuvo seguridad defensiva?

R. La tuvo, solo que por momentos quedamos expuestos o dio esa sensación porque se cometían errores en las marcas, y había que trabajar mucho para corregirlos. Es un estilo que exige determinados cuidados, que si no los tenés o fallas, lo más probable es que termines sacando del medio. En ese estilo hay mucho por mejorar, pero la idea es y será esa, me gusta jugar así. También hubo un recambio lógico de jugadores y tuvimos que insistir con algunos conceptos. Ningún sistema es perfecto y este requiere de mucho trabajo. Si mi jugador está con su marca cuando atacamos no deberíamos sufrir tanto, lógico que también están las virtudes de los rivales y las circunstancias de un partido.

P. Abandonó Banfield y habló de ir en busca de nuevos horizontes. ¿Cuál es su idea de futuro?

R. Dejé hace poco tiempo porque creí que se había terminado un ciclo. Me fui como yo quería, de buena manera con todos los que, durante dos años y pico, vivimos cosas maravillosas, y hoy espero. Escucho propuestas, quiero seguir perfeccionando mi estilo y hacer una carrera parecida a la que hice como jugador.

Matías-Almeyda-Sevilla

P. ¿Qué técnicos utilizó como base para moldear su estilo de juego?

R. Muchos, de todos saqué algo, lo tuve a Passarella, a Sabella, al ‘Tolo’ Gallego, pero si tengo que elegir uno sería Marcelo Bielsa, ya que de él aprendí mucho más que cuestiones del fútbol.

P. ¿Cuál es su análisis de Martino y el presente del seleccionado argentino?

R. Lleva poco tiempo, se hace difícil analizar solo por lo que se ve, y más cuando uno es entrenador también. Me gusta su estilo, cuenta con una gran experiencia, es muy inteligente y tiene muy buenos jugadores. También dispone de tiempo para ir mirando más futbolistas, las eliminatorias serán duras y hay que llegar al Mundial. En líneas generales, me pareció muy interesante lo que se hizo en la Copa América.

En 1996, River obtuvo la Copa Libertadores con Ramón Díaz como entrenador y jugadores como Enzo Francescoli, Hernán Crespo, Ariel Ortega y Marcelo Gallardo. Entre ellos, Almeyda alternó en el centro del campo y anotó un gol elemental en las semifinales, ante Universidad de Chile. Posteriormente a la obtención del certamen, contó con varias ofertas para emigrar hacia Europa.

P. Tras su gran rendimiento en River y la obtención de la Copa en 1996, decidió ir al Sevilla. ¿Por qué tomó esa elección y no partir al Real Madrid, que también le quería?

R. El 96 fue un año espectacular en lo deportivo, con la Selección ganamos el Preolímpico, después vino la medalla de los Juegos y, entre medias, con River levantamos la Libertadores. Se hablaba de Sevilla y Real Madrid, y yo decía que jugaba tres años más y me volvía a Azul –su ciudad de origen-, una locura. Después se acercaron ofertas de otros clubes, se hablaba de Barcelona, Mónaco… En fin, ya me veía que en el Real no iba a jugar mucho y me habían hablado muy bien de Sevilla como ciudad. Pero estaba ahí. Un día cayeron a River gente de Sevilla y Real, me esperaron en dos oficinas diferentes, con contratos similares, y me senté. “Voy a Sevilla”, dije, me había pegado mucho lo de Diego (Maradona), y le había dado la palabra al presidente. Ya cuando iba en el avión sabía que me esperaban 12.000 personas. Después, el arranque en el torneo no fue bueno y tuve que pagar derecho de piso en el mercado europeo.

P. En la Lazio triunfó y atravesó su mejor etapa en Europa. ¿Cómo recuerda aquella experiencia? ¿Guarda rencor a Massimo Cragnotti, que forzó su salida del club?

R. Ya no, cada vez que recuerdo una entrevista que me hicieron por radio y me cruzaron con él, me genera algo extraño. Era el hijo del presidente y me habían dicho que con él no se jodía, sabía que querían traer a Crespo y que yo me fuera, y así fue como terminé en Parma. Nos enfrentamos y yo estaba en la tribuna contra mi exequipo; a la noche me hicieron esa nota y lo sacan a Sergio al aire sin que yo supiera, entonces me dijo “qué lástima verte en la tribuna”. ¡Para qué! Le dije de todo, tanto que cortó la comunicación. Con el tiempo, uno aprende a asimilar mejor esas situaciones, pero te marcan en tu carrera.

P. ¿Sufrió en Parma hechos de violencia con los hinchas?

R. Después de una buena primera temporada, las cosas se fueron poniendo raras, el club empieza a decaer económicamente y mi contrato era uno de los más altos. Incluso ofrezco irme con el pase, pero la dirigencia elige redoblar la apuesta. Un día salgo y veo unos cuantos muchachos corpulentos dando vueltas, no me dijeron nada, pero los sentía cerquita. Y un par de días después, un encargado de seguridad me avisa me que estaban esperando; eran como 20. Me tuve que ir en el maletero de un coche a casa. También entraron donde yo vivía y marcaron en la pared una mano con grasa para que me fuera. Al otro día nació Sofía, mi hija mayor, la pasamos mal, ya tenía una familia y quería estar tranquilo.

P. ¿Cómo ve hoy en día la situación del club?

R. Hoy me da mucha pena lo que está pasando.

P. ¿Puede contarnos aquel episodio con Corradi, cuando jugaba en Inter?

R. Llegamos juntos al club, compartimos hotel e hicimos una buena pretemporada, pero él después se va a la Lazio. En un partido, le hacen una falta y me acusa a mí, le digo que yo no había sido e insulta a mi mamá, no hay nada peor que eso. Lo agarré del cuello y me expulsaron, no me bastó con eso que agarré la tarjeta y me la escondí atrás. Javier Zanetti la tiró al piso para disimular y me fui al vestuario insultado. Recién ahí, caí en lo que había hecho.

P. ¿Y la experiencia de cuando fueron para atrás ante la Roma sin su consentimiento, en la temporada 2000/01?

R. Esas cosas, la verdad, mejor ni recordarlas, le hacen muy mal al fútbol. Desde mi lugar siempre voy a luchar para que estos episodios no se repitan, y todos deberíamos intentarlo desde el rol que nos toca cumplir en este ambiente.

P. La barra brava del Brescia llegó a apretarlos frente a la directiva.

R. Se había ido Roberto Baggio y el club no venía bien. Llegué con Daniel Adalami, mi gran amigo, y en una práctica se metieron al vestuario. Me encararon a mí, y Daniel me pidió que no contestara porque podía ser terrible. Lo curioso es que los dirigentes también habían ido ese día al entrenamiento. Llegó el partido y cada pelota que agarraba pensaba “no puedo jugar más al fútbol”, y la tiraba a la tribuna. Al final, se lo dije a los dirigentes: “no juego más, las puertas no se abren solas y lo voy a hacer público”. Querían que no contara nada, pero lo hice. Hoy, no sé si sirvió de mucho porque siguieron igual. Otra experiencia más.

P. En los Mundiales 1998 y 2002 atravesó sendas lesiones. ¿La continua competencia en Europa hizo que no llegase en óptimas condiciones?

R. Sí, se hace difícil con la exigencia que hay en Europa, más los viajes con la selección… y un Mundial es algo único que te carga de adrenalina. En Francia, lo sufrí, yo venía arrastrando una pubalgia y probaba de todo para curarme y no había caso, así que no quedaba otra que infiltrarme. Me costó asimilarlo y la lucha para estar bien era todos los días. En el 2002 fue peor, mi gemelo estaba a la miseria, y por trotar rengo me rompí el otro gemelo, pero apretaba los dientes y corría igual, no quería que me mandaran de vuelta.

P. ¿Cuál cree que fue la razón del fracaso con Bielsa?

R. Ahí llegábamos como los grandes favoritos por lo que habíamos mostrado en las eliminatorias. Bielsa nos preparó a full 40 días antes, nunca me pasó algo igual, se me saltaban las uñas de los pies de tanto pique y freno. Cuando nos eliminaron, lloré. No lo podía creer. Solo el fútbol es capaz de estas cosas, me cuesta encontrar una explicación.

P. ¿Cuál fue el mejor grupo de los que le tocó integrar en Europa?

R. Hubo muchos buenos grupos y grandes compañeros. Sería injusto elegir uno, pero sin dudas el de Lazio fue especial, había una gran unión, y se vio reflejada en los títulos que conseguimos.

P. ¿Con qué figura internacional logró entablar una gran relación?

R. Con varios, con Álvaro Recoba somos muy amigos, que ya es otra cosa. A veces el jugador va dejando de contactarse porque cambia de país o no se da por cualquier motivo el encuentro o el llamado. Y si te ven, saludas, pero eso no es amistad.

Había dejado el fútbol profesional en 2005. Inmerso en la depresión, encontró en su familia el refugio para recuperarse y retornó al deporte. Actuando con el equipo Senior de River (en un campeonato en el que participan jugadores retirados), su buen nivel despertó la atención de sus compañeros. Días luego, tras un pequeño paso por Fénix (en ese momento, militaba en cuarta categoría), se encontró jugando nuevamente para el primer equipo “millonario”, una vez confirmada la posibilidad que le daba el club. En 2009, volvió a jugar en la máxima división del fútbol argentino.

P. ¿Es difícil para un futbolista retirado encontrar su sitio?

R. Depende de la personalidad de cada uno. Para muchos sí, porque sienten un gran vacío y les resulta imposible engancharse con otra cosa. Mi camada se tiró para el lado de entrenadores o analistas de fútbol en los medios, pero hay otros que dan vueltas y no saben qué hacer el día que no van más a entrenar. Sienten el “ya no ser”. Ahí sería importante trabajar para que todos los que jugamos a la pelota y en mayor o menor medida le dimos alegría a la gente, también podamos encontrar la felicidad después del retiro.

P. Cuando se retiró por primera vez, cayó en la depresión. Volver a jugar despertó tus ambiciones nuevamente. ¿Fue difícil recuperarse del alcoholismo?

R. La depresión es una enfermedad, y a la sociedad le cuesta mucho mirarla como tal, quizás un tipo es hipertenso y debe tomar un medicamento como se requiere para un cuadro depresivo, y nadie dice nada. Es mucho más común de lo que se cree, y se puede salir adelante, trabajar, ser padre, lo importante es rodearte de buenos profesionales y el afecto de tus seres queridos. Yo no dejé de jugar y me deprimí, me enfermé antes, solo que pocos se dieron cuenta, pero acá estoy y soy feliz. Lo hice público con la idea de que se supiera más de estos temas, y me terminó jugando en contra, nunca falta el que dice “el depresivo” sin noción de sus palabras y de la valentía que se necesita para levantarse. Lo del alcoholismo estuvo ligado a mi enfermedad, y costaba que la gente lo entendiera. Mi señora y mis hijas me sostuvieron para que pudiera dejar todo atrás. Está bueno que se tome consciencia de que a los jugadores como a cualquier ser humano le pueden pasar estas cosas, y más cuando de chico te tocan vivir situaciones para las que no estás preparado. Ojalá cada vez haya más contención y se avance en estas cuestiones. Cuando hice público mi problema, mucha gente me contactó para que le contara cómo salir y eso fue muy gratificante.

Nico Galliari

Periodismo y fútbol. De Rosario, Argentina. Tan apasionado por el juego como por todo aquello que lo envuelve.

1 Comentario en Matías Almeyda: “Quiero seguir perfeccionando mi estilo”

  1. D.T. MATIAS ALMEYDA, ERES EL BINOMIO PERFECTO DE UN GRAN EQUIPO DE MÉXICO.
    CHIVAS , TU EQUIPO DE TRABAJO Y TU, AL FRENTE PUEDEN SER LOS CAMPEONES DE NUESTRA LIGA.
    Y QUIEN NO LO CREA, QUE REMEMORE QUE LES GANASTE 12 VS.13 AL MEJOR EQUIPO DE NUESTRO PAÍS.
    FELICITACIONES POR TU GRAN TRIUNFO FRENTE A LAS SUPREMAS ÁGUILAS DEL AMÉRICA.

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