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Mario Kempes: “Menotti nunca agarró una pizarra”

Entrevista con el campeón del mundo con Argentina en 1978

El Mundial es la máxima expresión del fútbol. Muchos coinciden en que este torneo internacional es el evento más esperado por los amantes del deporte y, dentro de ese colectivo, seguramente se encuentren los argentinos. La edición de 1978, que se disputó en el país sudamericano, dejó un gran protagonista. Mario Alberto Kempes, leyenda con la albiceleste y con el Valencia, realizó su mejor actuación individual. Con la memoria del que se niega a olvidar el mejor recuerdo, nos cuenta detalle a detalle todo lo que sucedió en aquel verano. 

Foto: Eurosport

Pregunta: Argentina como anfitriona y con una situación política delicada, ¿cómo recibe un jugador argentino el Mundial en su país?

Respuesta: Jugar un Mundial en casa es muy lindo, para qué nos vamos a engañar. Hay presión, hay aliento, hay calor del público… pero si te dejas llevar por esa pasión, te vuelves loco. Había que aislarse un poco de esa euforia que puede llegar a existir y hacer las cosas de tal manera que no vayas a cometer equivocaciones que te hagan perder. Nos aislamos de ese ruido que existía en Argentina por el fútbol para ponernos donde debíamos estar.

P. César Menotti asegura que, más allá del contexto, Argentina llevaba una selección campeona. ¿Cómo era aquel equipo desde dentro?

R. En esa selección no había uno que destacara, por encima de los dos goles que marqué en la final.  Cada uno de mis compañeros, en un momento del campeonato, se salió. Este hecho hacía ver que éramos un verdadero equipo, con  compañerismo y mucha hambre de triunfar porque Argentina siempre había llegado pero nunca había terminado de poner la guinda al postre.

P. ¿Hasta qué punto era Menotti tan primordial en la selección?

R. Como es evidente, cada técnico elige los mejores jugadores para sus propios planteamientos. Después, él te va a decir lo que quiere que hagas para el equipo, pero el resto, correspondiente a un 75%, lo tienes que poner tú porque por eso te ha llamado. Si haces el 100% de lo que te dice él, ¿entonces por qué te llamó? No aportarías nada de lo que sabes.

P. ¿Antes eran más naturales? ¿No había tanta pizarra?

R. Mira, te mentiría si digo que Menotti agarró alguna vez una pizarra. No la necesitaba. Básicamente, las charlas eran todos los días, antes de los entrenamientos y durante 15 minutos. Después, el planteamiento te lo hacía de boca y tú ya sabías lo que tenías que hacer. Además, durante los entrenos hablaba mucho del equipo contrario. Creo que la charla previa al partido, en la final, no llegó a seis minutos.

“Un partido entre Argentina y Brasil, aunque sea amistoso, acaba siendo de todo menos amistoso”

P. Comienzan ante Hungría. Dicen que los primeros partidos son buenos para las sensaciones posteriores.

R. Nosotros no lo pasamos bien, ni mucho menos. Hungría, en toda su historia, ha tenido grandes selecciones sin llegar a hacer el ruido que debería haber hecho. Nos costó muchísimo, incluso empezamos perdiendo. Sabíamos que el primer partido es el más comprometido y tuvimos que remar a contracorriente. Estábamos tranquilos porque sabíamos hasta dónde podíamos llegar.

P. Tras la victoria ante los húngaros, se miden a la Francia de Michel Platini, que tenía ya 22 años.

R.  Fue un partido muy duro, aunque nuestra confianza era extrema en nosotros mismos. No teníamos el juego rápido que se practicaba en Europa pero, con nuestra forma de trabajar, podíamos comprometerles. Bueno, con respecto a Platini, compararlo con Cruyff no sería un pecado. Era un jugador que se paraba dentro de la cancha, mandaba y organizaba, y cuando tenía la pelota era muy complicado arrebatársela.

P. El último partido fue contra Italia con gol de Bettega y se convierten en segunda de grupo, ¿les hicieron un favor los italianos para pasar a una fase “asequible”?

R. En ese partido contra Italia, no elegimos la manera de perder porque los italianos nos pasaron por encima y oportunidades tuvimos muy pocas. Realmente, después de ver lo que había en el siguiente grupo teníamos en mente un partido contra Brasil, porque era el que no debíamos de perder.

P. ¿El partido ante Polonia solidifica la candidatura de Argentina?

R. Éramos candidatos, estaba claro. Y lo demostramos sobre la cancha.

P. Para colmo, tienen que jugar un clásico sudamericano, ¿cómo se vive un partido de esta índole?

R. Un partido entre Argentina y Brasil, aunque sea amistoso, acaba siendo de todo menos amistoso. De alguna manera, en un Mundial, sabías que había un punto de inflexión en este partido: el que ganaba era finalista seguro. Fue un partido muy malo, con muchísimas patadas y poquito juego. La repartición de puntos hizo que ambos llegáramos con posibilidades al último partido.

P. El 6-0 ante Perú es considerado una de las grandes gestas, tanto por el marcador como por el juego que practicó la selección.

R. Ese partido no lo comenzamos bien. En los 15 primeros minutos Munante dio un palo y Oblitas falló una clara. Eso nos hizo pensar que el partido no iba a ser una fiesta. Eso sí, no te voy a discutir que sabíamos que le podíamos marcar cuatro goles a Perú. Un mes antes del Mundial, Argentina viajó a Perú y le había ganado 3-0 por lo que, en un Mundial y con la necesidad que teníamos nosotros, no se nos iba a escapar

P.  Había una clara  necesidad de marcar goles.

R. Nosotros, tras el empate contra Brasil, necesitábamos hacerle cuatro a Perú, mientras que Brasil jugaba el tercer partido contra Polonia y falló muchísimos goles. También los polacos jugaron bien, pero los brasileños lanzaron muchos disparos a los postes. Le tendríamos que haber dado algo a Polonia o a los palos, gracias a Dios.

P. Para afrontar una final uno siempre se fija en los nombres propios. Daniel Passarella era el capitán en 1978, ¿era necesaria su jerarquía?

R. En aquella selección no había caudillos ni para pegar el grito. Él nos chillaba cuando estábamos en el área para adelantar la línea o cuando quería llamar a alguien. Ahí todos gritábamos.

Mario Alberto Kempes confesó que, cuando Argentina ganó el Mundial de 1978, él no llegó a tocar el trofeo. 

P.  Ya en la final, el partido se tiene que retrasar media hora por un vendaje de René Van der Kerkhof, ¿qué sucedió?

R. Nosotros no sabíamos lo que pasaba. Cuando salimos al campo, alguno de los nuestros le dijo a Daniel Passarella que llevaba un yeso en el brazo y que así no podía jugar porque era un peligro. Después se hizo el lío hasta que llegaron los doctores y así perdimos media hora.

P. Tuvieron a Países Bajos al otro lado del campo pero aquella final siempre será recordada por su actuación individual, sobre todo por aquel gol en la prórroga. 

R. Ahí queda clara la confianza de cada uno. Yo vi que había un espacio de un metro entre uno y otro y que yo llegaba con bastante velocidad. Yo, con la pelota controlada, no era nada burro así que, de alguna manera, con la velocidad y con los dos toques hacia la derecha y la izquierda, pude sortear a los dos defensores. Luego quedaba lo más difícil, superar al portero. La pegué antes de que me saliera y la pelota saltó hacia arriba. Con todo y con esto, me llegaban dos holandeses más y, por décimas de segundo, llegué antes que ellos para tocarla con la puntera. Por fortuna, la pelota entró picando.

P. ¿Creía que les podía remontar Países Bajos?

R. Con ese gol acababa la primera parte de la prórroga y se veía que los holandeses no llegaban con la mejor condición física como para remontarnos.

P. Todo aquello no hubiera sucedido tras ese afortunado palo en el minuto 90.

R. (Risas) En el minuto 90, un balón largo en nuestra área lo remata Rensenbrink y dio en el palo. Me parece que hubo un par de infartos en el Monumental pero se recuperó enseguida. Aquello es como festejar un gol. Entre que chuta el rival, pega en el palo y Gallego la tira la tribuna son 10 segundos. Después, lo celebras.

P. ¿Cuál es la primera sensación tras levantar la Copa del Mundo o tenerla sobre tus manos?

R. ¡Yo no la toqué! Se abalanzaron todos y yo estaba en las escaleras con Menotti detrás.

P. La celebración del pueblo argentino sí que la disfrutó.

R. Cuando nos fuimos del estadio al hotel, veíamos toda la calle llena, gritando y haciendo ruido de alegría. Al día siguiente, desde el televisor, cuando enfocan a todas las provincias de Argentina, te das cuenta lo que has hecho.

P. A modo de anécdota, ¿el Mundial lo determinó su bigote?

R. Yo me dejé bigote y barba no porque me gustara, me la dejé porque era vago. Estábamos completamente encerrados y no sentía la necesidad de afeitarme. Dio la casualidad de que no hacía goles y primero me afeité la barba. El tercer partido lo jugué con bigote y Menotti se me acercó después y me dijo: “¿Por qué no te lo afeitas, Mario? A ver si así empezamos a meterla en Rosario” [primer partido de segunda ronda ante Polonia].  A partir de ahí, dio la casualidad  que entre que volvía a casa y se cumplía la superstición, empecé a hacer goles.

Guillermo González

Periodismo. Me dejo ver por Kaiser Football, Perarnau Magazine o Eurosport. Como Nick Hornby, durante largos ratos de un día normal soy un perfecto idiota.
Twitter: @Guille_futbln

1 Comentario en Mario Kempes: “Menotti nunca agarró una pizarra”

  1. Muy grande.

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