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Juan Carlos: “Jesús Gil se metía en todo, los demás pintaban poco”

Entrevista con el exjugador del Dream Team

En una fría y lluviosa tarde vallisoletana, Juan Carlos Rodríguez (León, 19/01/1965) nos abre una sala de reuniones del estadio José Zorrilla de Valladolid para repasar, en exclusiva, su carrera como futbolista. Desde sus primeros pasos junto al Mágico González, hasta su retirada a orillas del Pisuerga pasando por su Copa de Europa con el Dream Team de Cruyff. Pocos detalles se le escapan en su memoria.

Pregunta: Durante sus primeros meses en el primer equipo del Real Valladolid coincide con  ‘Mágico’ González. ¿Cómo era el salvadoreño?

Respuesta: Bueno, para mí fue un personaje al que me alegro muchísimo haber conocido. Creo que, como jugador, puedo presumir de haber coincidido con grandísimos jugadores pero creo que ‘Mágico’ es de lo mejorcito que yo he visto. Yo estaba con el filial por aquel entonces, aunque debuté con el primer equipo y coincidíamos mucho. Era un personaje. Fuera del campo, como profesional del fútbol, dejaba mucho que desear. Pero era de los mejores jugadores de fútbol, aunque quizás de los peores futbolistas, porque para ser futbolista se necesita un compendio de muchas cosas que él no concebía. Era un tipo extraño…

P. En Pucela siempre se recuerda aquella anécdota en la que ‘Mágico’ González subió todos los escalones del estadio dando toques.

R. Técnicamente era un prodigio. Un día, aquí en Zorrilla, al terminar un entrenamiento, subió un montón de peldaños mientras dominaba el balón, fue abriendo él mismo las puertas, que eran batientes, hasta terminar dejando el balón en el cesto de la ropa. Era algo al alcance de… de nadie. No se lo he visto hacer a nadie más. Pero por si hubiera sido un golpe de suerte, alguno le desafió a repetirlo y no tuvo ningún problema. Bajó otra vez, cogió un balón y lo volvió a hacer.

P. Al término de la siguiente temporada (1985/86) consigue el título europeo Sub-21, un campeonato que comenzó dos años antes. ¿Qué recuerda de aquel campeonato que, además, se conquista en el Estadio José Zorrilla de Valladolid?

R. La verdad es que fue un campeonato precioso. Para mí era todo novedoso, yo acababa de disputar mi primer año como profesional, compartía selección con Eusebio, Andrinúa, Torrecilla… Aquel año venía todo rodado, con la suerte de que la final se jugó en mi propia casa. Esos momentos fueron de los mejores que he tenido en mi carrera. Como anécdota te diré que yo tiraba el cuarto penalti. No hizo falta porque ganamos 3-0 ya que ellos fallaron los tres.

P. En su última temporada en Valladolid (1986/87) le entrena Xabier Azkargorta, ¿es tan buen motivador como se dice?

R. Coincidí con Azkargorta antes de marcharme al Atlético de Madrid. La verdad es que era muy buen tipo, un motivador. Pero creo que aquel fue un año muy raro, el único en el que hubo un playoff, ni siquiera sé si terminó la temporada… Yo tuve la fortuna de hacer dos buenos años en el primer equipo, uno con Vicente Cantatore y otro con Azkargorta, teniendo la suerte de que uno de los grandes fue a buscarme. Guardo muy buen recuerdo de todos, no renuncio a ninguno de los entrenadores que he tenido, ni a los buenos ni a los malos.

“Azkargorta era muy cercano, sobre todo con la gente joven. Nos daba libertad dentro y fuera del campo. Podías coincidir con él tomándote una cerveza después del entrenamiento.”

P. ¿Cómo era en el trato cercano?

R. Azkargorta era muy cercano, sobre todo con la gente joven. Con Eusebio, con Onésimo, que ya había debutado… Era muy abierto, daba muchísima libertad dentro y fuera del campo. Lo veía todo con cierta naturalidad, era muy campechano y podías coincidir con él tomándote una cerveza después del entrenamiento en un bar donde hablábamos de cualquier cosa. Con nosotros era encantador.

P. El Atlético ficha casi a la vez a Eusebio, a Torrecilla y a usted.

R. Eusebio fue fichado en el intervalo de una temporada a otra. Yo hice la pretemporada aquí en Valladolid y, a falta de diez días para comenzar la liga, me fichan. Torrecilla fue un año más tarde. La verdad es que fue una de las hornadas de Valladolid en la que más jugadores han dado el salto, ojalá lo podamos repetir, aunque cada vez sea más complicado.

P. Al llegar al Atleti se encuentra en el banquillo con un mito argentino, Menotti.

R. Sí, la verdad es que no duró mucho, solo medio año. En los cuatro años en los que estuve en el Atleti, creo recordar que tuve hasta 9 o 10 entrenadores. Pero bueno, lo que sí que es cierto es que Menotti me dio ese puntito de madurez necesario para asumir la salida de mi casa. Me ayudó mucho a darme todavía más tranquilidad, con Cantatore nunca tuve presión y con Menotti me encontré un equipo ya hecho y no tardé mucho en ganarme el puesto.

Foto: Kaiser Football

Foto: Kaiser Football

P. Llega el mismo año que Paulo Futre y Alemao, dos cracks de talla internacional.

R. Futre llegaba de ganar con en Oporto la Copa de Europa y era el jugador franquicia de Jesús Gil. Llegaron otros muchos, como Goikoetxea, el propio Eusebio… Hubo incorporaciones que generaron una ilusión, pero para Jesús Gil quedar terceros era un fracaso y a final de temporada empezó a dar bajas como quien reparte caramelos. La verdad es que lo que hoy en día es una gran hazaña, para Gil no valía. Había una gran urgencia por ganar algo, se ganó una Copa del Rey pero era poco bagaje para las aspiraciones de un presidente como él.

P. ¿Se metía mucho en el día a día del vestuario?

R. Sí, sí, se metía en todo. Era el dueño y lo dejaba bien clarito en cada conversación, en cada charla y en cada crítica. Los demás pintaban poco.

P. Le han entrenado profesionales de diferentes estilos y filosofías, desde Menotti o Cruyff, hasta Javier Clemente, ¿con cuál de ellos se ha sentido más cómodo?

R. Cómodo con todos. Mi manera de entender el fútbol es trabajando y empleándome al 100%. Al final es el sacrificio lo que te lleva a jugar con unos o con otros. En el sitio que mejor me podían entender, siendo un lateral tan ofensivo, era en el Barcelona, donde simplemente robaba el balón y se lo daba a Guardiola o a cualquier otro. La mejor manera de entender el fútbol, con la gente que había en ese momento, es la de Johan Cruyff. Creo que él siempre ha estado, en conceptos futbolísticos, por encima del resto.

“La mejor manera de entender el fútbol, con la gente que había en ese momento, es la de Johan Cruyff. Creo que él siempre ha estado, en conceptos futbolísticos, por encima del resto.”

P. Gana la Copa con el Atleti y debuta en la Selección de la mano de Luis Suárez. ¿Por qué cree que no tuvo continuidad en la selección española?

R. Alcancé la internacionalidad en mi último año con el Atleti. Hicimos un año muy bueno, ganando a Real Madrid y Barcelona. Lo cierto es que he tenido mala suerte, pude haber ido incluso antes pero no me sonrió la fortuna con las lesiones, no porque hayan sido graves, sino por el momento en el que se producían. Había un hueco para el lateral izquierdo tras Gordillo, Camacho y Julio Alberto, y nadie terminó haciéndose con el puesto. Cuando conseguí debutar fue el último partido con Luis Suárez al mando y cuando me fui al Barça aparecieron algunos jugadores más. La verdad es que no me dio tiempo a saborearlo, me hubiera gustado formar parte de algún campeonato del mundo aunque en aquel momento no piensas más que en lo que tienes en el día a día, y más en el Barcelona, con competición cada tres días.

P. ¿En qué momento se entera del interés del Barça?

R. Es el propio Cruyff el que me llama y me habla de interés. Lo cierto es que yo estaba en proceso de renovación con el Atlético y no tenía mucha intención de moverme, estaba a gusto. Pero hubo un cierto encuentro con Jesús Gil en aquel momento y me obligué a romper la relación. Durante un tiempo le estuve diciendo al Barça que mi intención no era moverme de allí pero tuve aquel encontronazo con Gil, que hasta entonces me había querido mucho, y a los diez minutos llamé para preguntar si seguía en pie el interés del Barcelona. “Si sigue en pie, lo firmo”, les dije. No me moví de Madrid, en una hora tenía a una persona en Madrid con el contrato.

P. ¿No le persuadió Schuster para que no firmara?

R. No, Schuster me ayudó. Esto ocurrió a un mes y pico para terminar la Liga, desde el club pusieron interés en hacérmelo pasar muy mal, desde la manipulación de medios y todo ese tipo de cosas para hacerte desagradable la estancia, los entrenamientos y todo. Schuster me ayudó, siendo yo alguien introvertido dentro del vestuario, porque él había pasado por una situación similar en su salida del Barcelona. Le recuerdo con cariño por aquella ayuda en un momento duro y desagradable.

Foto: Kaiser Football

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P. ¿Le hizo la cama algún compañero?

R. No, no. El vestuario es de lo mejor. Era el propio Gil, manipulando medios. Yo tenía que pasarme prácticamente los semáforos en rojo en Madrid porque me querían linchar. Aquello fue muy perjudicial para mí, llevaba cuatro años en Madrid y tenía claro que quería quedarme allí. Pero, por una razón que todavía no alcanzo a entender, Gil prácticamente me echó de su despacho por un encontronazo. Llegó a faltarme al respeto, que debo reconocer que podía ser más cabezón que él en algún caso… Luego nos dimos la mano años después y no quedó rencor. Él hizo lo que creía que tenía que hacer y lo cierto es que sí utilizó muchas artimañas impropias en el mundo del deporte.

P. Podría decirse que, gracias a Gil, usted gana la Copa de Europa.

R. No es algo que me hiciera mucha gracia en aquel momento. Yo terminaba contrato y podía firmar con quien me diera la gana, eso lo sabían en el Atlético y yo tenía claro que me quería quedar allí. Pero sí, viendo lo que pasó después, no renuncio a nada de lo que llegó en Barcelona.

P. Ya en el Barcelona, en la segunda ronda de la Copa de Europa están a punto de caer eliminados por el Kaiserslautern (2-0 en la ida, 3-1 en la vuelta), aunque no estaba en la convocatoria, ¿cómo recuerda aquel gol de Bakero?

R. Yo estaba en una situación deplorable, me había dado un tirón, era la tercera vez y estaban buscando los médicos el origen de esa cadena de lesiones. Entonces me mandaron al dentista, que vio que tenía las muelas del juicio saliendo. En ese momento me las arrancaron y tenía la cara absolutamente hinchada. Recuerdo que lo pasé fatal, por todo, y que vi el partido en casa con mi mujer -que por entonces estaba embarazada-, viviendo uno de los momentos más gloriosos del Barcelona porque ya habíamos tirado prácticamente la toalla. Me acordaré toda la vida de esos momentos puntuales, imposibles de olvidar.

P. ¿Fue la lesión de Witschge lo que le facilitó la titularidad en la final de la Copa de Europa?

R. Yo venía jugando, y de la manera que quería jugar Johan, lo normal era que jugara yo. Cierto es que ‘Chapi’ Ferrer venía de una lesión larga y pasamos de jugar con tres defensas a hacerlo con cuatro. Perdimos un poco la identidad de lo que queríamos hacer. En un principio tenía que marcar a Vialli o a Mancini y al final el que más entraba por mi zona era Lombardo. Era un caos y falta de planificación porque al final jugamos distinto. Yo sabía que iba a jugar aquel día, también pensaba que iba a jugar en la final de la Intercontinental de Tokyo contra Sao Paulo. En la final contra el Milan en 1994 ya sabía que no porque yo había tenido una lesión y Sergi había tenido una progresión brutal.

P. ¿Recuerda los días previos a la final? ¿Había optimismo en Barcelona?

R. ¡No, nada de eso! Todo lo contrario. En Barcelona siempre se ha pecado de pesimismo y más cuando se ha podido tocar la gloria en citas anteriores. Había un poco de euforia contenida, estábamos jugando muy bien y dando alegrías pero había respeto y mucho, mucho miedo a perder.

P. Hay una frase que se le atribuye siempre a Cruyff: “Salid ahí fuera y disfrutad”.

R. Yo no recuerdo la frase. Puede que lo dijera, yo no prestaba mucha atención a ese tipo de charlas y esa frase le pega, pero no recuerdo que lo dijera. Si no lo hizo en aquel momento, anteriormente sí que lo hizo. Esa frase era muy suya en situaciones con el trabajo hecho. Había mucha expectación, mucha tensión, recuerdo ver en mis compañeros una ansiedad que yo no he tenido nunca. Si te fijas un poco en la foto de la alineación, en todos los rostros hay tensión menos en mi cara, que estoy sonriendo tranquilamente como si estuviera a punto de jugar contra los solteros de mi barrio.

La sonrisa de Juan Carlos frente a la tensión de sus compañeros | Foto: Taringa

La sonrisa de Juan Carlos frente a la tensión de sus compañeros | Foto: Taringa

P. La Sampdoria tenía en ataque a dos jugadorazos como Vialli o Mancini, pero a usted le tocó lidiar con otro crack como Attilio Lombardo.

R. Yo creo que fue el que más nos complicó ese día. Y ya te digo que yo no era el que tenía que marcarle, jugábamos con defensa de cuatro en vez de la habitual de tres y, curiosamente, la delantera la formaron la misma a la que me enfrenté en la final del Europeo Sub-21 de Valladolid: Vialli y Manicini. Lo normal era que yo me encargara más de Vialli, que solía caer más por mi banda izquierda. Lo curioso es que Lombardo aparecía muchas veces rompiendo líneas, algo que nos sorprendió mucho. Recuerdo haber visto el partido años después y debo reconocer que lo recordaba más vistoso y me pareció penoso para lo que se esperaba de aquel Barcelona.

P. ¿De los peores partidos de aquel Barça?

R. Puede ser, aunque seguramente haya alguno más. Lo cierto es que después de tantos miedos y precauciones, el Barcelona era muy superior a aquel equipo, como también creo que el Barça era superior a aquel Milan que le metió cuatro en la final del 94. En aquel momento era un Milan de mitad de la tabla. La Sampdoria era un buen equipo en el 92, en el cénit de su historia, pero el Barcelona era mejor y jugó con demasiado miedo ante un rival más asequible.

P. Llegan a la prórroga. Eusebio cae cerca del área y Ronald Koeman prepara el balón.

R. En ese momento piensas que es una gran opción. Yo veía a Ronald pegarle al balón todos los días y se ve que ellos también lo conocían, por cómo se colocan y guardan esa jugada. Ronald hacía eso muy a menudo, este es el que más trascendencia tuvo en su carrera, pero lo hacía muchas veces y muy bien. [Empezamos a ver el vídeo del gol. Juan Carlos guarda silencio en el momento en el que Koeman coge carrerilla. Se le escapa una leve sonrisa con el gol y una carcajada con la celebración en la que se lleva un violento codazo de un compañero]. Sí, esta es la anécdota que me recuerdan con más frecuencia (Risas), es Nando el que me aleja del abrazo común con un codazo en el ojo, que se me quedó que no lo podía ni abrir… y él no se dio ni cuenta. Pero bueno, hubiera pasado por otros dos por conseguir otros dos títulos de esa envergadura.

P. Hablando de la final del 94 (Milan 4-0 Barcelona), ¿había exceso de confianza en Can Barça?

R. Es muy fácil decirlo ahora, pero yo creo que sí. Tras ganar en Wembley, pasamos un año en blanco. Ganamos la Liga, contra todo pronóstico, el miércoles anterior. Ganas una Liga que no esperabas y, con todas las esperanzas puestas en aquel partido, lo pierdes. Aquel Milan estaba muy espeso, en mitad de tabla y jugando muy espeso. Lo cierto es que ellos tuvieron 15 días para preparar el partido y a nosotros nos pudo el exceso de confianza. No nos ganaron por su mejor actitud, que la tuvieron, es que jugaron como no lo habían hecho en todo el año. Nosotros no tuvimos el balón y esa es la realidad. Esto es lo que pasa en una final, cualquiera gana a cualquiera teniendo a jugadores de ese nivel.

P. Coincide en el Barcelona con grandes jugadores como Stoichkov, Laudrup o Romário. ¿Cuál de ellos le marcó más?

R. No renuncio a ninguno, pero no solo a ellos, sino todos los demás. Creo que todos son igual de importantes para cada momento y Cruyff sabía dar esa importancia a todos. En un momento dado, el más importante podía llegar a ser ‘Txiki’ o podía ser yo. Podía ser Eusebio e incluso había partidos en los que la importancia de ganar o no, no siempre iba a recaer en Stoichkov, Laudrup o Romário. Cruyff daba mucha importancia a eso y nos instaba a la correcta preparación que debíamos tener en cada cita, cada tres días jugábamos y sabías que podías jugar tú o podía jugar otro. Y lo hacía bien. Era la gran ventaja de una plantilla corta pero con jugadores polivalentes. Aquellos cambios se asumían con cierta normalidad. No puedo renunciar a ninguno de mis compañeros, ni a esos ni a los que no has mencionado.

P. Otro con el que coincide es con un joven Pep Guardiola. ¿Se le pasó por la cabeza que podría terminar siendo un entrenador de gran nivel?

R. En principio no miras más allá del momento en el que estás como jugador, pero sí que es cierto que con el tiempo lo vas viendo. Guardiola se fue forjando a sí mismo, no solo en Barcelona, ya daba muestras de su jerarquía en el campo, ese tipo de jugadores son los que mejor entienden el colectivo. Como jugador se le veía muy inquieto, muy curioso, preguntaba por todo. Subía del filial, jugaba con nosotros y luego volvía con el filial hasta que se terminó haciendo con los mandos de un equipo con una naturalidad innata. Lo entendía todo rápido y él se tomaba las molestias por saber, preguntaba mucho, no solo al entrenador, sino a sus compañeros, también a Laudrup. En la mesa nos sentábamos Guardiola, Laudrup y yo, y Pep era un tipo muy curioso en todo, no solo en lo futbolístico. Tenía una inmensa ansia de conocer.

P. Después juega en el Valencia 1994/95 con Zubi, Mijatovic, Mazinho o Penev. ¿Cómo recuerda ese año?

R. Yo tenía un año más de contrato en Barcelona, pero después de esa final y de una especie de caos y cambios, me llegó una oferta del Valencia. Se lo comenté a Johan, él me dijo que si me quedaba, contaba conmigo, que el que menos jugaba lo hacía hasta en 20 partidos. Cierto es que había salido Sergi ese mismo año, el tipo de la casa que tenía una proyección meteórica. Yo tenía 29 años y aquella era una oferta de muchos más años, no me pusieron trabas y decidí irme a Valencia con un contrato de tres años. Luego fue uno porque no me encontré todo lo bien que deseaba y porque surgió la posibilidad de volver a mi casa.

“En Valladolid, Benítez estaba muy verde en cuestiones a nivel profesional, pero estoy seguro de que aquí aprendió muchísimo”

P. En su vuelta a casa, a Valladolid, le entrena un joven Rafa Benítez en una de sus primeras experiencias como entrenador. ¿Cómo era Benítez?

R. Era un entrenador de fútbol base, que venía de la cantera del Real Madrid. Yo no hice la pretemporada con él porque yo vine cedido por el Valencia, llegué a una semana de empezar la Liga a un proyecto de Liga de 22 equipos, con un Valladolid que había planificado la plantilla para jugar en Segunda. Me vine lesionado y me costó coger un poco el ritmo. Benítez estaba muy verde en cuestiones a nivel profesional, pero estoy seguro de que aquí aprendió muchísimo, llegó con un margen de mejoría terrible pero con unas ideas muy claras de lo que quería. No funcionó. Jugábamos muy bien y no ganábamos nunca. La gente estaba encantada con el juego del equipo y le echaron. Se fue él, llegó Cantatore y en la segunda vuelta dejamos a seis equipos atrás. Después Benítez se marchó a otros equipos en los que quizás no tuvo éxitos tan rotundos pero que estoy seguro que le llevaron a ser el gran entrenador que es.

P. Benítez es un tipo con carácter, ¿lo tenía por entonces?

R. Aquí yo creo que no. La prensa aquí tampoco estaba muy encima, tenía a un grupo de chavales muy jóvenes, muchos de ellos habían trabajado ya con él puesto que venían del fútbol base del Real Madrid. Se encontraba cómodo y quizás le faltaba mucho de ese carácter que tiene ahora, le faltaba exigir más al profesional como si supiera absolutamente todo, que es lo que hace ahora.

Foto: Kaiser Football

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P. Con Vicente Cantatore coincide en dos etapas. ¿Qué significa este entrenador para el Real Valladolid?

R. De los que yo he conocido, es el que más ha sacado de lo poco que tenía. En su primera etapa, Cantatore no tuvo problema en apostar por gente joven como Torrecilla en el lateral derecho, yo en el izquierdo. Andrinúa de central, que venía cedido por el Bilbao Athletic. Eusebio, que ya había debutado el año anterior, posteriomente Onésimo… No tenía ningún problema en dar esa responsabilidad. Era un hombre muy especial que sintonizó muy bien con la afición. Tuve la fortuna de volver a tener a Cantatore en el 95, cuando llega a mitad de temporada y obra el milagro de la salvación. ¡Al año siguiente entramos en UEFA! Es un hombre muy querido, esperamos poder homenajearle de forma adecuada para hacerle ver lo grande que ha podido ser para este equipo.

CUESTIONARIO EXPRESS

  • Un jugador actual: Messi, sin duda.
  • Un jugador histórico: Messi va a ser historia, ya lo es.
  • Un entrenador histórico: Johan Cruyff.
  • Un periodista deportivo: Quique Guasch
  • Un grupo de música: Me gustan muchos diferentes, cada uno en su momento.
  • Una película: ‘Un Domingo Cualquiera’

Juan Arroita

Enamorado del fútbol. Dedicado en cuerpo y alma al periodismo deportivo desde que supo que no valdría para jugar al fútbol. Fundador de la revista Kaiser Football.
Twitter: @JuanArroita

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