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Un día en el Estadio Da Luz

Visitamos la casa del laureado Benfica

Hay quien va de viaje y visita museos o iglesias. Los hay que prefieren comprar souvenirs, probar la gastronomía o irse a la playa (si la hay). Los más vagos, perezosos o enamorados del deporte, se decantan por estadios, pabellones, circuitos de velocidad… Todo vale. Incluso los hay bien organizados, que reparten su tiempo y se atreven con un remix de estilos. En este último grupo se incluyen también los que tiran del mapa y, a mitad de camino, mudan sus planes por otros de su interés o más cercanos. Algo así me ocurre a mí cuando visito una nueva ciudad… Todo parece estar planeado hasta que me encuentro la señal de fondo naranja…

Foto: komnit.com

Un buen día, no hace mucho, había quedado con Lisboa. Sí, teníamos una cita pendiente. Había visitado ya a sus compatriotas del Norte; los de Porto, Viana do Castelo, Póvoa de Varzim, Guimarães… pero me quedaba la espinita clavada con los de la ciudad del fado. Por un motivo u por otro, año tras año se resistía mi visita, pero esta vez sí, se acercaba el momento, tenía que llegar.

Mapa en mano, me dirigía a visitar la ciudad lusitana, sus calles, sus puentes kilométricos (como el de Vasco da Gama) o sus plazas con estatuas ecuestres. Vamos, como cualquier turista que previamente consulte en Google: “¿qué ver en Lisboa?”. Sin embargo, más fuerte que la Plaza del Comercio, la Torre de Belem o el Castillo de San Jorge, algo me estaba reclamando. Alarmada por su insistencia, me desvíe en la segunda circular rumbo al humilde barrio de Benfica, y acudí a su llamada. Era mágico, espectacular, un regalo para la vista.

“La fidelidad de las águilas a sus personajes más significativos queda patente en forma de monumentos”

Custodiado por un águila de bronce, en la Avenida General Norton de Martos, Da Luz me esperaba. Nada más sobrepasar la barrera de entrada al parking, la fidelidad de las águilas a sus jugadores y más en concreto a su ídolo, ‘la Pantera’ Eusebio, quedaba patente. Y es que a escasos metros del estadio, se levantaba una estatua en honor al mago portugués, recientemente fallecido. Junto a él, numerosos detalles del  balompié en su memoria. Desde camisetas a balones firmados, pasando por bufandas del eterno rival. Lo habitual. A su alrededor, una explanada que además del citado aparcadero, dispone de un centro comercial lleno de tiendas del club, de un “Museu” con nombre propio (el Cosme Damião) o incluso de un pabellón con piscinas.

Ya sólo por su aspecto exterior, el estadio benfiquista invita a ser visitado. Y es que su grandiosidad lo hace irresistible al ser humano. Visitando su MegaStore (una de las tiendas del complejo comercial) puedes adquirir una entrada por tan sólo 10€ -que se convertirán en 4 si eres menor de edad- para conocer los secretos mejor guardados de un templo histórico, reinaugurado en octubre de 2003.

La maldición de Béla Guttmannbela guttmann

Nada más acceder al recinto (por la puerta 18), una estatua a tamaño real del extécnico Béla Guttmann, nos da la bienvenida. Sin embargo, pese a su magnitud y a las 2 Copas de Europa conquistadas en su época, entre la parroquia benfiquista aún queda rencor hacia el húngaro. Y es que sus desafortunadas palabras “Desde hoy, en cien años el Benfica sin mí no ganará una Copa europea” aún duelen entre los lisboetas quienes tras llegar a numerosas finales continentales, aún no han sido capaces de acabar con su particular ‘maldición’.

El 29 de Miklos Féher

miklos feher

Así, cuidadosos en los detalles, los dirigentes del club más laureado de Portugal quisieron tener también un recuerdo para el malparado Miklos Féher, quien en 2004 perdía su vida durante la disputa de un Vitoria–Benfica, víctima de un paro cardíaco, levantando en primer lugar un busto con su rostro, para días más tarde retirar su dorsal, el 29.

Estatuas aparte, a lo largo de nuestro recorrido, diversas imágenes nos recuerdan que un día no muy lejano, los David Luiz, Di María o Saviola también vistieron la encarnada. Tras conocer de primera mano lo que se esconde detrás de las cámaras, saltamos al ruedo. Desde allí nos vigilan Victoria y su nueva compañera, dos jóvenes rapaces que habitan Da Luz. La primera, y más vieja, sobrevuela el Estadio antes de cada juego. Sobre esta tradición cuenta la leyenda que si en su recorrido da dos vueltas, el triunfo se queda en casa. Mientras que por contrario, cuando regresa muy rápido a su aposento, serán los visitantes quienes se lleven el gato al agua.

Ya para ir terminando y a modo de anécdota, comentar que 3 kilómetros más al norte, y sin abandonar la IC19, se encuentra el templo del otro grande de la capital lusa, el Alvalade XXI (perteneciente al Sporting Club).

Rocío Candal

Periodismo - Economía. Jugadora del Orzán SD

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