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Torino, desde la fachada más granata

El viaje a la ciudad del norte de Italia dedicado al equipo granata

Un viaje a una ciudad con historia futbolística. En Kaiser Football, prestamos atención a la zona norte de Italia desde la visión más granata. Un plácido paseo en el que no ha faltado el típico paseo del turista, la cámara y las historias de fútbol. El Torino F.C como principal protagonista, un club que deja sus destellos de color en estas fechas. 

Foto: Kaiser Football

Derby della Mole

Días antes, tuve tiempo de ver Torino, una ciudad que sorprende. No me atrevería a definirla con suma precisión pero su actitud europeizada liga con su personalidad italiana. Da la sensación que  las montañas que la protegen dan un sentido de libertad en todos sus sentidos, tanto por sus calles como por los habitantes que la paseaban -incluyendo el libre albedrío de los Erasmus-. Pasear entre la Piazza Vittorio y la Piazza Castello, y quedarse a orillas del Po fueron minutos de degustación, aunque no voy a negar que fue un trecho corto. Calcularía que fueron 15 minutos de lo que para mi fue el momento más petrificante de mi estancia, pues recuerdo con cierto odio el camino previo desde Bérgamo a Torino con un tren que atravesaba a oscuras Lombardía para introducirse en el Piamonte. De aquel tortuoso viaje, pensando obviamente en fútbol, me viene a la mente Vercelli y Novara, algunas de sus paradas hasta llegar a Porta Nuova. Algunos entenderán el porqué.

Era el mejor día posible. Reloj en ristre, estaba a la espera de que marcase las 15:00 horas del 26 de abril. Era una constante para mi, aunque había quedado algo satisfecho tras haber visto a la Roma perder frente al Inter en San Siro. Como dijo Andrés Calamaro al estadio Azteca, “me quede duro, me aplastó ver al gigante”. Fue el perfecto aperitivo a una tarde que, sin lugar a dudas, sería preciosa para el neutral.

Torino-ciudad

Foto: Kaiser Football

Las inmediaciones del Stadio Olímpico las aprecié desde el lado más granata. El cielo encapotado dio tregua a la prepartita y la felicidad irradiaba. Había un buen presentimiento de acabar con el mal fario frente a la Juventus, que tenía la posibilidad de cantar el alirón en el campo de su vecino y rival. La estructura, más chata que la de San Siro a pesar de ser construido en 2006, tenía un cierto toque añejo, algo que le sumaba mucho encanto. Porque el Torino no deja de ser un club de antes más que de actualidad, pues su grandeza tiene punto de partida en los años 40.

La Maratona y la Primavera, desde la zona de prensa, te recibían con su respectivo compás. Cada uno con sus propios cánticos pues, a pesar de defender los mismos colores, su complicidad es bien distinta. Al lado de la segunda, la afición de la Juventus, con una pancarta de los Drughi. De una manera muy icónica entendí lo del “equipo de Italia”. Los aficionados bianconeri ondeaban las banderas nacionales mientras que el Torino, firmemente, quería encapotar su graderío con el color granata. Minutos antes de que Paolo Tagliavento diera inicio al encuentro, las respectivas aficiones aportaron su personalidad en las gradas.

Torino-Juventus-Derby-Calcio

Foto: Kaiser Football

Sí, con el mejor tino posible, estuve en el Derby della Mole en el que el Torino derrotó a la Juventus por 2-1 tras 20 años de dominio bianconero, aunque también fuera un encuentro recordado por la vorágine que provocó la ‘carta-bomba’ que lanzaron a la Primavera, causando diez heridos. Siendo muy claro, encontré lo que buscaba: la pasión que linda entre la felicidad y la locura, la remontada celebrada desde la perspectiva más humilde y el magnífico gol de falta de Andrea Pirlo.

Stadio Filadelfia

Sin hacer especial hincapié en la cronología, saltar del Olímpico al Filadelfia conlleva un salto secular que, en realidad, yo pude dar al caminar algo más de 700 metros. Un contraste que todavía recuerdo con mucho anhelo. Mario Gago, al que le debo encarecidamente este viaje, nos enseñó el ‘Fila’. Sí, aquel que vio crecer al Grande Torino, el mismo que se deshizo con el tiempo y aquel que perdura en la urbe piamontesa. Bajando la vía Filadelfia puedes otear el pedazo de grada que permanece, lo suficiente como para quedarse satisfecho. No obstante, gracias al desparpajo de nuestro guía pudimos ver lo que esconde un campo que, digan lo que digan, respira fútbol en sus cuatro esquinas.

No soy de los que se quedan en la banda esperando a salir, y por ello me fui hasta la portería que, detrás de la misma, esconde el nombre del estadio en un muro. A la derecha, la grada que adornan los tifosi del Torino cada 4 de mayo, el único símbolo que la entidad mantiene y querrá seguir manteniendo en el nuevo proyecto. Porque quieren revivir el Stadio Filadelfia para las categorías inferiores y como sede de entrenamiento de la primera plantilla.

Estadio Filadelfia

Foto: Kaiser Football

Salir de ahí provoca una desazón intensa, que pudimos aliviar al otro lado de la calle. En una pequeña zapatería regentada por un gentil anciano, completamos la visita observando los zapatos de Valerio Bacigalupo, guardameta del Grande Torino. Aquel hombre, frente a sus reparaciones apiladas en una estantería, remarcaba la diferencia del curtido de las botas de antes con las de ahora. Las palpaba diciendo: “estas son de verdad”.

Basílica de Superga

En un viaje pueden suceder circunstancias que pueden torcer el gesto. No voy a negar que el frío y la lluvia estuvieron cerca de aguarme -valga la redundancia- aquella visita. El itinerario estaba previsto. Teníamos que tomar dos autobuses hasta la Piazza Modena para hacer nuestro particular tourmalet hacia Superga. La indecisión y la estafa de un ‘uber’ nos llevó a coger el coqueto tren de la estación Sazzi. Y, a pesar del principio de hipotermia que en mi cabeza se estaba alimentando, fue un trayecto agradable a la par que necesario. Quince minutos de subida en el que quedé prendado de los detalles del transporte. La madera bien barnizada, el dorado de los utensilios del maquinista y el bello paisaje como principales fogonazos. El característico sonido que anunciaba el fin de la carrera lo decoró aún más.

Torino-Superga-Calcio

Foto: Kaiser Football

Y ahí estaba. Tras pasar por un sinuoso camino, topé de frente con la Basílica de Superga. La neblina que se meció sobre lo alto de la montaña se encontraba al ras del edificio, que se entreveía sin poder apreciar el vivo color amarillo que había observado en fotos. No obstante, el contexto era el adecuado. Un 4 de mayo de 1949 el avión que traía a una de las mejores generaciones de fútbol, el Grande Torino, se estrelló en el muro de la basílica, dejando un panorama desolador. Se dice que el altímetro del Fiat G212CP no funcionó correctamente por la espesura de la niebla y el mal tiempo.

No tardamos en dar la vuelta a la basílica, tras haber mirado el interior de la misma. Estaba demasiado ansioso en llegar a la lápida conmemorativa en el que aparecen todos los fallecidos. Y estábamos ahí. Solos, como si nos hubieran dado un respiro para poder disfrutarlo. Días antes, aficionados del River Plate, hermanados con el Torino, habían rendido su particular homenaje. Yo, en ese momento, preferí concentrarme en lo que estaba viendo. Y por un instante dejé de pasar frío.

Superga-Torino-Grande-Calcio

Foto: Kaiser Football

Museo del Grande Torino

Venía a ser una sorpresa y por supuesto que lo fue. Nos dirigíamos hacia Grugliasco, horas antes de volver a España y a la rutina. El viaje en autobús, como siempre, era el peor enemigo por la espera, aunque nunca tuve que pagar en ninguna de las carreras. Lo dicho, hay que buscarle ventajas a todo. A las afueras de Torino y donde nació Gian Piero Gasperini se encontraba el Museo del Grande Torino, justamente en la vía Giovanni Battista de la Salle. Nuestro anfitrión había organizado una visita guiada en una galería dedicada por y para el tifosi granata, sin el apoyo de la entidad.

Nada más entrar, a mano derecha, uno se encuentra el coche que conducía ‘Gigi’ Meroni. Un buen golpe de impresión sobre mis ojos y el primero de muchos más que se vendrían. Nuestro guía en el museo, con un italiano fácil de entender, nos enseñó cada una de las salas, mostrándonos objetos como la trompeta de Oreste Bolmida, aquel ferroviario que marcaba el ritmo del Grande Torino, o partes del fuselaje del avión, desde una rueda hasta parte de la hélice. Banquillos, camisetas, testimonios, recuerdos…todo lo que uno puede saber sobre aquel equipo. Era sorprendente porque ninguna información me desbordaba, y no como me sucede en otros materias.

Bufanda-Grande-Torino

Foto: Kaiser Football

El Museo no solo dedica su conjunto al Grande Torino porque el cuadro granata es magnífico en todos sus sentidos. Efectos personales de ‘Gigi’ Meroni, la camiseta de Paolo Pulici o el grueso traje de la suerte de Orfeo Pianelli complementan un edificio repleto de memoria.

Por si acaso, todos salimos bien pertrechados con algunos de los productos que vendían. Y por último, una firma en un libro lleno de dedicatorias, la cual no recuerdo con suma nitidez. Bueno, en cierta manera, sí sé lo que dediqué pero, con toda esta historia, resulta muy predecible como para mostrarlo. Dejé un poquito de mi en aquellas hojas.

Guillermo González

Periodismo. Me dejo ver por Kaiser Football, Perarnau Magazine o Eurosport. Como Nick Hornby, durante largos ratos de un día normal soy un perfecto idiota.
Twitter: @Guille_futbln

1 Comentario en Torino, desde la fachada más granata

  1. Sigue siendo lo que haces y dices. Esa idioted te hace pensar y trasmitir muchas cosas nuevas en un periodismo que necesita gente como tu para ilusionarnos de nuevo.

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