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Liverpool. Fútbol, música y ladrillo rojo

Una experiencia futbolera por la ciudad de Liverpool

Todo comenzó a torcerse muy pronto. Casi nada más pisar el aeropuerto los acordes de Help comenzaron a resonar en nuestras cabezas. Caía el viernes y la cita con uno de los mayores templos futbolísticos se acercaba. Pero poco le importaba eso a una compañía de bajo coste tan acostumbrada a regatear con el precio del billete como con los horarios.

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La espera -de más de tres horas- se hizo más llevadera gracias a ellas. Ellas eran el equipo cadete del Liverpool que intentaban regresar a casa tras realizar un campus en España. De aquí se llevaban una experiencia única y algún que otro souvenir en forma de bufanda colchonera. Hay uniones que se perpetuarán para siempre. Entre juegos de cartas y canciones escupidas por el Ipod la noche se fue caldeando hasta que el espíritu de la juventud se adueñó de aquel rincón del aeropuerto Adolfo Suárez de Barajas.

Las jóvenes inmortalizaban con sus móviles las coreografías de Bruno Mars que hacían las más atrevidas o las bromas que gastaban a quienes perdían las apuestas. Apuestas, apuestas y más apuestas. Una detrás de otra. Por gen competitivo no sería. Por arte, tampoco. Esa era la primera pista que nos dejaron antes de arribar a orillas del Mersey. Allí, en la ciudad de ladrillo rojo, sobra el arte.

La grada más representativa de Anfield, The Kop, significa ‘colina’ en afrikáner debido a los 3000 soldados de Liverpool que perdieron la vida en Sudáfrica. 

Aunque a las tres de la madrugada es imposible observarlo. Nada más llegar apenas diferenciamos un Yellow Submarine entre la fina lluvia inglesa. Es la primera vista que uno tiene cuando espera  que un Cab le lleve a su hotel desde el John Lennon Airport. Lo siguiente fue pelearse con el scouse accent, ese inglés de Liverpool, que recibe a todo visitante con su particular pronunciación. Mientras los ojos echaban miradas furtivas al contador del taxi, la ciudad que abraza al río Mersey se iba descubriendo ante nuestros ojos. Primero por Albert Dock y más tarde por Victoria Street y Dale Street como epicentro de la vida nocturna. Solo había ganas, no obstante, de ganar la cama. Cuando lo conseguimos, la música era ya otra: A hard day’s night.

La expectación sacudió al cansancio y el resto lo hizo un café bien cargado a la mañana siguiente. Acompañado del tradicional desayuno británico comprobamos que el verano inglés es igual de fresco que de lluvioso y con la añoranza del Here comes the sun nos pusimos en marcha. Para llegar a Anfield hay que dejar atrás Liverpool. El mítico estadio se sitúa en el barrio de Everton, en una barriada más desatendida de lo esperado junto a uno de los pulmones verdes de la ciudad, el Stanley Park.

“Lo verán sin problemas”, nos advirtió el conductor al referirse a Anfield como ‘El Templo’. El bus te deja justo en las Paisley Gateway, majestuosas puertas de entradas a la tribuna de The Kop. Bajo la estatua de bronce de Bill Shankly volvimos a escuchar el origen de esa denominación. Fue Ernest Edwards, editor del Liverpool Echo quien bautizó así a la grada sur hace ya casi 110 años. Aquella mole de cemento empinado le recordó a una de las faldas de la colina Spion, en Sudáfrica, donde fue aniquilado por los Boers un batallón de Lancashire. Corría el año 1900 y 3000 soldados de Liverpool perdieron allí la vida. Colina, en afrikáner, se dice Kop.

Una vez cruzas las puertas del templo la historia te golpea a cada paso, desde el mismo aparcamiento de jugadores, justo en frente de la mítica casa donde antiguamente se cambiaban los futbolistas reds antes de entrar al estadio, hasta el paseo por el museo donde la sangre se hiela con los sentidos homenajes a las víctimas de Hillsborough o Heysel. Todo ello con la sinfonía de fondo que acompaña la visita por las entrañas de Anfield: “You’ll never walk alone“. Una música que adquiere todo el sentido cuando ves 96 camisetas con los nombres de las víctimas de aquel fatídico 15 de abril de 1989. While my guitar gently weeps que cantarían The Fab Four.

Foto: Emmanuel Ramiro

Foto: Emmanuel Ramiro

Antes de salir de aquel santuario comprobamos que la figura de Steven Gerrard ya alcanza el estatus de leyenda. Las referencias a lo largo del tour le equiparan a mitos como Shankly, Paisley, Keegan o Dalglish. Pero Steve tiene incluso algo más, una estancia en el restaurante principal del estadio dedicado a su figura… y sus trofeos individuales. Y es que el cariño de la grada red es único. Así nos lo contó Thomas, guía del Tour por Anfield cuando le preguntamos por el recuerdo que dejó Luis Suárez o Xabi Alonso, presentes todavía en el museo y en la tienda del club. “Imborrable” nos contestó Thomas, antes de confesarnos otra de las tradiciones reds. Desde la época de Shankly todos los jugadores llegan en traje al estadio. Así se viste cuando se visita un templo.

“La casa de los reds alcanzará los 59.000 espectadores y dotará al barrio de un lavado de cara necesario”.

Nosotros, sin embargo no salimos con la sonrisa puesta del mítico estadio inglés. Las obras de ampliación tuvieron la culpa. Adiós a la mítica Boot Room o a palpar con nuestros dedos el This is Anfield. Con esta reforma la vetusta Main Stand ganará una nueva altura para que el estadio entre por fin en el siglo XXI. La casa de los reds alcanzará los 59.000 espectadores y dotará al barrio de un lavado de cara necesario, donde se aseguran nuevos negocios y centros comerciales. Algo que no es precisamente bien visto por todos los vecinos de la zona. Allí, algunos siguen prefiriendo las postales que retratan los puestos de comida rápida o la iglesia que se sitúa en la otra acera de Anfield Road.

Tras volver al corazón de Liverpool paseamos por Albert Dock. A orillas del río que parece ganar terreno al mar descubrimos que Rafa Benítez sigue muy presente en la ciudad. Y es que ya sea junto al Tate Museum o rivalizando con el resto de souvenirs made in England se cuela la imagen del actual técnico del Real Madrid. Fotos, libros y hasta pósters del que fuera entrenador red, el último con el que conquistaron Europa. La afición no le olvida y en la mayoría de los casos guarda un grato recuerdo de él. “Volverá a ganar con el Madrid” nos asegura John Paul, pinta en mano. “Es uno de los mejores entrenadores top. El mejor de la última década aquí”, confiesa Terry, abonado del equipo red.

Foto: Emmanuel Ramiro

Foto: Emmanuel Ramiro

Camino de Mathew Street, el barrio donde nacieron The Beatles, la música comienza a ganarle partido al fútbol. Los pubs y clubs de esta zona son un hervidero de gente cualquier fin de semana a partir de las cinco de la tarde. Allí la tradición del té ha pasado a mejor vida para que las pintas y los spirits corran libremente gaznate abajo. En The Cavern, además, todo ello se mezcla con actuaciones en directo. En aquella cueva que rezuma historia y transpira humedad y música a partes iguales también hay treinta escalones que conducen hacia la nostalgia.

Bajo las bóvedas alimentadas de mensajes escritos, sudor, gritos histéricos y rock and roll, uno puede mirar cara a cara a la historia, reconocer el sonido Mersey beat y tomar una pinta junto a mitos como Eric Clapton, Elton John, Queen, The Who o Rolling Stones. Todos pasaron por allí. Como Pelé, cuya camiseta de la Seleçao luce en un lugar privilegiado del sótano más visitado del mundo. No es la única referencia futbolera. Pepe Reina era otro habitual de este lugar (como acredita la foto junto a la barra principal) en su estancia en Liverpool y tanto los reds como el Everton, el club por el que sentía simpatía Paul McCartney, están representados con sendas camisetas.

Tras salir a flote, una vez cierras el libro de historia y los acordes de tantas y tantas canciones se van quedando atrás, uno vuelve a respirar el aire ‘puro’ y húmedo de Liverpool. Pero ya eres otra persona, de repente más viajada, más culta, más completa. Poco importan ya los retrasos, el clima o el cambio libras por euros con el que siempre salimos perdiendo. Para entonces la huella de Liverpool ha teñido tu alma de ladrillo rojo, twist and shout. Habrá que volver, aunque solo sea por saber cómo es todo aquello un día de partido, un día de concierto.

Emmanuel Ramiro

Pecho frío que explica con palabras lo que no pudo hacer con los pies. No me gustan las bufandas. Prefiero escribir que es la mejor forma de conocerse.
Twitter: @emmanuelrf

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