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Burdeos, la casa del Girondins

Nos vamos de viaje futbolero a la bonita ciudad gala

Algo de extraño tienen los estadios situados en los arrabales de grandes ciudades. Algo de anómalo, de pegote, de estar sin acabar estando, de no ser ni una reliquia de otro siglo en el centro de la urbe ni una sofisticada creación de nuevo cuño alejada del vecindario. Esa una sensación como de enorme caparazón de tortuga asomando en el horizonte. O de tortuga volteada sin poder moverse, ya puestos…

Alain Giresse encabeza al Girondins antes del partido de Copa de Europa de 1985 ante la Juve || Foto: webgirondins.com

Es lo que ocurre con el Estadio Parc Lescure, que desde hace unos años se llama Jacques Chaban-Delmas, y que ha sido la casa del Girondins de Burdeos durante casi un siglo. Erigido sobre las cenizas de un antiguo velódromo, el estadio está a las afueras de la ciudad bordelesa, en una zona de edificios bajos, bares de pinta muy rara y callejones oscuros. Es decir, un extrarradio inequívocamente francés para un estadio que limita con la Rue Descartes, la Rue Jeanne d´Arc y la Rue Le Coq. Chauvinismo a más no poder.

Lo primero que sorprende al visitante de Burdeos es el Garona, ese inmenso río, casi estuario, que divide la ciudad en dos partes muy definidas. En la margen izquierda está el centro histórico, apenas un puñado de abigarradas calles llenas de comercios y recuerdos monárquicos, y, unos barrios más allá, los espacios más desfavorecidos, algunos de ellos casi auténticos ghettos de minorías étnicas. En la margen derecha surgen edificios sofisticados y grandes urbanizaciones para franceses de clase media alta que todos los días acuden a sus trabajos en bicicleta cruzando por alguno de los puentes que hay sobre el río, siempre ventosos, siempre gélidos. Casi un pueblo dentro de la ciudad, esta margen derecha. Eso sí, también típicamente francés: la parada de tranvía más oriental se llama Austerlitz.

En Burdeos no se respira fútbol por los cuatro costados. Probablemente porque el auténtico deporte rey de la zona sea el rugby.

Quizás es esta particular identidad la que hace que la ciudad no respire fútbol por los cuatro costados. Y eso pese a que el Girondins es un club importante en Francia, uno de los grandes, el equipo de Alain Giresse, el que ha ganado seis ligas y cuatro copas. O quizás sea el fervor cultural, casi religioso, que de la Gironda para el sur sienten los franceses por el rugby, auténtico deporte rey de la zona. El caso es que la afición girondina (y hay que entender la definición como geográfica y no como política, que de esa forma nos iríamos del tema) es ardiente, es animada.

Foto: Wikipedia

Foto: Wikipedia

Pero la ciudad no parece acompañarle. Demasiado señorial, demasiado deliciosamente decadente, demasiado spleen. Chocolaterías de alto copete, un precioso tranvía discurriendo por el empedrado del centro histórico, una plaza grandilocuente y moderna y un puñado de símbolos escondidos aquí y allá que hablan de grandezas pasadas, de cuando Burdeos fue Inglaterra, de cuando fue sede borbónica, de cuando se relamía en el burgués XIX y la de Montijo se detenía allí de camino a las termas de Bagnères de Bigorre.

Si intentas hablar de fútbol con la gente ellos te contestan de rugby, o del Tour de Francia, o de las cercanas playas surfistas de Las Landas. Es, en ese sentido, una ciudad extraña, que parece algo alejada de su equipo. Salvo los inmigrantes, claro. Porque en Burdeos los hinchas más fieles del Girondins son aquellos que viven en los barrios más pobres, los que ven cada día la silueta del antiguo Parc Lescure cercana. Son ellos quienes mantienen vivo, excitado, el sentimiento de pertenencia a unos colores. Queda por ver si podrán seguir haciéndolo cuando el Girondins se mude al nuevo estadio de Bordeaux-Atlantique, una de esas maravillas arquitectónicas de vanguardia que, a punto de concluirse, parece que alejará al fútbol de élite un poco más de su auténtico corazón: las calles de la ciudad.

Marcos Pereda

Cuento historias que te harán creer en la relación entre Cultura y Deporte. Un día me puse a escribir y creo que no he parado desde entonces.

Twitter: @MarcosPereda2

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