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Budapest, la ciudad que recuerda

Nos sumergimos en la futbolera capital húngara

Eran nuestros. Eran nuestro orgullo, nuestra identidad. Nos los quitaron entonces, pero ahora ya no nos los pueden seguir arrebatando. Por eso el mural. Por eso el recuerdo. El que habla es tan grande como algunos húngaros llegan a serlo: alto, ancho y barbudo. También afable, de sonrisa fácil. Su inglés, esquemático, tiene un deje irrenunciable a ese galimatías que para el resto de Europa supone el magiar. 

Foto: Getty Images

Foto: Getty Images

Estamos en una de las muchas tiendas vintage que existen en Budapest, donde uno puede encontrar desde un libro antiguo hasta el maillot de la Molteni. Todo usado, todo con un punto inequívocamente cool. Nuestro interlocutor nos coge del brazo, nos saca a la calle, nos hace caminar unos metros. Luego nos lo muestra. Allí, frente a nosotros. Una pintura inmensa, de dimensiones imposibles. Uno de los goles, el gol inmortal de Puskás en Wembley. Allí, cubriendo toda la pared de un edificio, un joven Ferenc que juega a ser ciclópeo. ¿Lo ven? Eso es. Eran nuestros, son nuestro orgullo.

Ellos son el Honved de Budapest, el equipo inmortal que marcó con su calidad la liga húngara en la primera década tras la Segunda Guerra Mundial, y fue la base de aquellos Magyares Mágicos que asombraron al mundo. Bozsik, Budai, Czibor, Kocsis, Grosics. O él, solamente él. Ferenc Puskás. El líder, el capitán. Pasear por Budapest, visitar sus cafés tradicionales, revolver entre sus librerías de lance (y no hay ciudad en el mundo que tenga tantas, ni tan juntitas, como la capital húngara), o disfrutar de sus múltiples tiendas-de-todo-a-la-venta es sumergirte por completo en el icono Ferenc Puskás. Pósters, biografías, cromos, viejas fotos firmadas, fotogramas de documentales… Todo recuerda allí al germen de aquel equipo fabuloso que hizo soñar a una pequeña nación con dominar el mundo. O, al menos, el mundo del fútbol, que no es poco.

Destaca la presencia de imágenes de Puskás y los Magyares en las calles de la zona más bohemia de Budapest. Símbolos húngaros.

Su imagen, especialmente la atlética estampa del primer Puskás, aparece aquí y allá como si de un santo laico se tratase. Y es así como lo tratan los habitantes de la ciudad. Sobre todo los de Pest. Seguro que todos conocen la historia de las dos ciudades separadas por el Danubio que decidieron unirse hace poco más de un siglo para crear la actual capital de Hungría. El relato no es exacto (a estas dos villas se une también Obuda) pero sí bastante aproximado de lo que ocurre en 1873, cuando ambas villas, comunicadas desde hacía tiempo por el Puente de las Cadenas, deciden pasar a ser una sola. Lo que no cuentan los libros de historia, lo que no se puede apreciar a menos que pasees por sus calles, es la enorme diferencia que hay entre las dos orillas.

Estatua-Puskás-hungria

Buda era la antigua capital aristocrática de los Habsburgo, y en ella se puede ver el Palacio Real, la Iglesia de Matías, el espectacular Bastión de los Pescadores o el megalómano monumento comunista llamado Estatua de la Libertad, en la cima de la colina Gellert. También es donde encontramos la mayoría de los baños termales más aristocráticos de la zona. Y quizás esa, aristocrático, sea la palabra que mejor defina a Buda. Un espacio de calles estrechas y adoquinadas, con portales de estilo deliciosamente decadente, con restaurantes que parecen llevar allí desde el principio de los tiempos. Un lugar que se disfraza de tiempos pasados para desquitarse de la añoranza. De tiempos lejanos, de pompa imperial.

El legendario 3-6 que la selección húngara propinó a Inglaterra en 1953 es recordado como ‘El partido del siglo’. En Budapest, se puede encontrar un homenaje a aquel partido en la fachada de un edificio.

tumblr_inline_nkscpoot8t1tnyjhoNo hay espacio para el Honved, para los Magyares Mágicos en Buda. Eso es algo que el viajero, poco a poco, va sintiendo. Como en una vieja serie en la que notamos que algo no va bien, que algo falta, hasta que descubrimos que se han cargado a nuestro personaje preferido. Así, la presencia de Puskás y los suyos es, paradójicamente, aun más grande. Porque no hay lienzo más grande que el que dibuja una ausencia total.

No, ellos aparecen en Pest, en la zona más bohemia, más burguesa. Brota su imagen entre las esquinas pintadas del Barrio Judío, donde aparece el mural del que hablamos al principio. Su efigie está aquí y allá en bares, en tarjetas, en recuerdos. Lejos del impacto más turístico. Lejos del trampantojo que es la Pastelería Gerbaud, lejos de esa calle comercial de Vaci Utca que es exactamente igual que las calles comerciales de cualquier otra ciudad del mundo. Lejos de eso, a poca distancia pero en un ambiente diferente, surgen sus rostros, sus gestos. Los Magyares Mágicos. El Honved de Budapest.

Porque eran suyos. Y se los arrebataron. Es imposible entender el misticismo surgido alrededor de esta selección, de este grupo de formidables jugadores, sin atender a las especiales condiciones históricas de la época. Porque cuando Puskás y compañía asombran al mundo Hungría es una cosa muy diferente de lo que será después.

En 1956, el Honved afrontó la Copa de Europa como un rival a batir. El partido ante el Athletic cambiará la vida de muchos…

Estamos en 1956 y el Honved de Budapest afronta la segunda edición de la Copa de Europa como uno de los conjuntos a batir. Su rival en la primera ronda será un hueso duro, el Athletic (de aquellas Atlético) de Bilbao, campeón español. La ida en Budapest y la vuelta en Bilbao, aunque un acontecimiento político cambia el orden de esos partidos… y la vida de muchos de sus jugadores.

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23 de octubre de 1956. Más de 20.000 ciudadanos de Budapest, en su mayoría estudiantes, se manifiestan. Sus peticiones son claras: mayor capacidad de autogobierno para Hungría, desligarse de la órbita soviética. Stalin ha fallecido tres años antes y la autocrítica ha comenzado a aparecer en el PCUS, por lo que el momento parece propicio. Así, uno de los hechos simbólicos fundamentales de esa jornada fue el derribo de la estatua del georgiano que había en el parque de Varos Liget, junto al balneario de Széchenyi. Entonces ya eran más de 200.000 los húngaros que marchan acto seguido hacia el Parlamento. Allí son repelidos a tiros por la AVH, la policía del Régimen, y lo que era una protesta pacífica se convierte en un baño de sangre.

Pronto, las viejas armas de la Segunda Guerra Mundial aparecen, como dice John Foot, perfectamente engrasadas, y los revolucionarios armados consiguen imponer su control sobre Budapest. Con la huida de sus predecesores, Imre Nagy se convierte en Primer Ministro de Hungría y emprende todo un programa de reformas que incluye la formación de un Gobierno Revolucionario, Obrero y Campesino, la celebración de elecciones democráticas y la retirada del país del Pacto de Varsovia. Ante este nuevo giro de los acontecimientos los tanques soviéticos empiezan a entrar en Hungría para restablecer el orden anterior. Los días de Nagy están contados.

Muchos de los miembros de aquel Honved, como Puskás, Zoltan Czibor o Sandor Kocsis no regresarían a Hungría

Pero hablábamos del Honved. El 7 de noviembre debía jugarse en Budapest el partido de ida de su eliminatoria frente el Atlético de Bilbao. En vista de los acontecimientos, se decide cambiar el orden de los encuentros, y el mismo se juega en San Mamés el 22 de noviembre de ese mismo mes. Tres goles a dos favorable al Atlético (o Athletic), que deja todo abierto.

Pero la vuelta nunca se iba a jugar en Hungría. Andropov, embajador soviético en el estado magyar, recomienda desplegar toda fuerza militar disponible para ahogar la llamada Revolución, y a Kruschev no le tiembla la mano. Antes de la celebración del encuentro, entre el cuatro y el diez de noviembre de 1956, los soviéticos invaden Hungría y se ceban especialmente con Budapest. Todas las defensas organizadas en la ciudad son arrasadas por el poderío militar del Ejército Rojo, que impone un gobierno aun más formalista en su doctrina prosoviética. El país que abandonó el Honved tiene poco que ver con el que ahora existe.

Ferenc-Puskás-Honved-Budapest-Hungría

Ferenc Puskás

Y por eso algunos de ellos deciden no volver. El partido que cierra la eliminatoria se juega en terreno neutral, en el Estadio de Heysel, el 20 de diciembre de 1956. Resultado de empate a tres goles que deja a los húngaros fuera de la Copa de Europa. No es lo importante. Muchos de los miembros de aquel equipo inolvidable no regresan a su país natal. Puskás, Czibor, Kocsis… ninguno de ellos retornará a suelo magyar. El Honved y la selección quedan heridos de muerte. Y el orgullo húngaro rápidamente identifica aquellos hombres con el símbolo de lo que pudo haber sido y no fue en el otoño 1956.  Eran nuestros, nuestro orgullo, y nos los arrebataron.

El estadio József Bozsik, la casa del Honved, está en las afueras de Budapest, en lo que hoy es un barrio y antes era un pueblo llamado Kispest. Zona bohemia en la actualidad, zona rural antes. Allí nació Puskás. Era nuestro capitán, nuestro símbolo. Eso eran ellos, los Magyares Mágicos. Pocas veces una selección, un equipo, unos nombres se han identificado tanto a un país o un momento histórico. Seguramente por eso aun hoy son objeto de veneración. Porque el recuerdo de lo que apenas tuvimos siempre es más hermoso que el recuerdo de lo que nos dejaron tener. Por eso el mural, y las fotos, y los libros. Por eso y porque esto es fútbol, eran realmente buenísimos.

Puedes disfrutar de esta historia, y muchas más, pinchando en la imagen

Marcos Pereda

Cuento historias que te harán creer en la relación entre Cultura y Deporte. Un día me puse a escribir y creo que no he parado desde entonces.

Twitter: @MarcosPereda2

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