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Boavista, momento justo, lugar indicado

Visita al Estadio Do Bessa con las Panteras Negras

El camino por la Avenida Boavista ya debía habernos dado una pista. No fue así. Era obvio que no era nuestro día más lúcido, veníamos cansados, cualquiera diría que nos había afectado el jet-lag de una hora...

Foto: http://www.info-stades.fr/

Llegamos a la ciudad bañada por el Duero escasas horas antes. Todo había sido a contrarreloj, no sabría decir a qué hora llegamos, ya que no sabría decir en qué hora vivía, si la española o la portuguesa. Poco nos iba a afectar esa nimiedad, total, nuestro viaje iba a ser express. Mientras conversábamos por esta larga Avenida, dónde había más terreno en obras que calle peatonal, la climatología nos sorprendió. La humedad era plausible con cada paso. Si no corría el viento, climatología primaveral, de lo contrario casi una sensación de frío. A cinco horas de casa y nos sorprendía cualquier detalle. Éramos niños con zapatos nuevos. El hilo de la conversación giraba en torno a nuestro destino, sin apenas intuir que nuestro objetivo no estaba ahí, sino unos metros más allá. ¡Qué idiotas fuimos!

Justo antes de desviarnos por la avenida principal, un cártel nos abrió ligeramente los ojos. Qué cegados estábamos. El cártel anaranjado señalaba el mismo camino que debíamos tomar y en él se podía leer: “Estádio Do Bessa”. Madre mía. Estábamos en Oporto el año que el Boavista, club de barrio de la ciudad, volvía a primera. Así se había dictaminado. En 2008 les descendieron administrativamente, ahora seis años después volvían por la misma vía. Caprichos del destino, me tocó estar en la misma ciudad el año del descenso y me sorprendió la gran cantidad de banderas que había por la casas, y ahora volvía el año del ascenso. Nuestros caminos se entrelazaban. Un grande de Portugal relegado al ostracismo durante demasiado tiempo. Pese a ello, decidimos que era prioritaria nuestra misión inicial. Do Bessa no era más que un estadio el cual veríamos por fuera y poco más, en cambio nosotros nos dirigíamos al hotel de concentración del Barcelona 2006. Estábamos en la ciudad portuguesa para el partido en homenaje a Deco, en el cual se enfrentarían los dos equipos con los que ganó la Champions, el Oporto 2004 y el mencionado Barça. Nuestro objetivo debía ser el de conseguir declaraciones de los jugadores blaugranas en aquel hotel situado enfrente de la entrada trasera de Do Bessa. No lo conseguimos.

Entrada frontal al estadio

Entrada frontal al estadio

Con discreción, o eso pensábamos nosotros, nos adentramos en el hotel Sheraton. Ya habíamos visto desde la calle la parte trasera del estadio del Boavista, pero eso no nos preocupaba especialmente ahora. En silencio nos sentábamos en unos sofás ubicados en el hall del hotel, para ver si algún jugador se dejaba ver por allí. La discreción de la que antes hablábamos se rompía al desencajar un poco con la gente que allí se encontraba. En primer lugar, a la entrada, personas trajeadas con coches vestidos de gala para la ocasión. El logo del partido que, en poco más de una hora iba a comenzar en Do Dragão, estaba en cada coche. Dentro del hotel, empleados igualmente vestidos, junto a mujeres y niños. Algunas de aquellas mujeres impresionaban por su belleza, otras por su pomposidad. Las familias de los jugadores estaban ya abajo, sólo faltaban los protagonistas, o eso pensábamos nosotros. Mientras seguíamos tratando diferentes temas, futbolísticos en su mayoría, el tiempo pasaba y los jugadores no bajaban. Nos empezábamos a incomodar y sin vacile nos dirigimos a la recepción del hotel. Allí escuchamos en un perfecto castellano a uno de los empleados decirnos que los jugadores ya se habían ido, sólo faltaban las familias. Desilusión cuanto menos.

El Estadio Do Bessa fue inaugurado en 1972, sufriendo una remodelación en 2003

Quedaba hora y media para que empezara el partido y nuestro primer objetivo había sido un fracaso, así que, con resignación, recorrimos los escasos 100 metros que había entre el hotel y la parte trasera de Do Bessa. Poco podíamos hacer allí, una puerta de metal cerrada era lo único que se veía, aunque el sonido de dentro del estadio nos empezó a desconcertar. ¿Estarían entrenando allí el Boavista? ¿Se podría ver a los jugadores de Petit? Pronto la duda se resolvió. Un chico el cual nos había resultado indiferente en un principio se dirigió a nosotros. Ni él sabía español, ni nosotros portugués, pero nos entendimos. El joven que apenas llegaba a los 25 años empezó a llamar a esta puerta metalizada. En ese proceso, nos dijo que la entrada estaba al otro lado, pero que esperáramos, que a los mejor podíamos entrar con él. En ese instante nos enseñó un tatuaje con el escudo del Boavista. Ingenuo de mí, pensaba que sería un jugador del segundo plantel. De repente, las puertas se abren. Un corpulento hombre ataviado con la camiseta del club de sus amores está al otro lado. De fondo unas 50 personas más. La mayoría de ellos tienen en la mano una Super Bock, cerveza típica portuguesa, mientras otros fuman. En ese momento, solo les unen dos cosas: la pasión por el Boavista y el foco de sus miradas. Es decir, nosotros. El joven nos ha dicho que esperemos. Dirigiéndose dentro y, con la puerta abierta, habla en voz baja con algunos de aquellos hinchas. En pocos segundos, todos nos estaban ofreciendo entrar a su estadio. Evidentemente, ya sabíamos que allí no estaban los jugadores, sino los ultras.

Foto: http://3.bp.blogspot.com/

Foto: http://3.bp.blogspot.com/

Las Panteras Negras habían quedado en esa tarde en las instalaciones del Boavista. Estábamos dentro de los terrenos del equipo de aquel barrio, aunque no dentro del estadio propiamente dicho. Una puerta sí que estaba abierta, miré a ella como el que ve una moneda en el suelo. Dentro de aquel perímetro entre la puerta exterior y la puerta del estadio, un grupo de ultras fijaban sus miradas en nosotros. Andábamos siguiendo al chico que nos había dicho que entráramos. De repente, uno de ellos se dirige a nosotros en portugués, le entendemos, dice que si queremos entrar al estadio le invitemos a una cerveza. Me parecía un trato justo, aunque el hincha estaba bromeando, yo quería otra de esas Super Bock que había paladeado en la comida. A uno de ellos le pregunté cual era más tradicional, la Sagres o esta que tomaban. Me explicó que la Sagres la bebían en el sur, en el norte se toma Super Bock. No había más que hablar.

Las Panteras Negras están divididas por núcleos, diferenciándose en sus banderas y bufandas

Habían pasado unos segundos desde que pusimos los pies en las instalaciones y ya nos sentíamos arropados. Esa sensación de unidad, familiaridad y humildad se sentía desde el primer momento. Al instante un hombre bajito, pero bien musculado, nos instó a que le siguiéramos. Sin casi tiempo para interiorizar lo que estaba sucediendo ya estábamos dentro de Do Bessa, nos condujo a una sala dónde dos hombres, uno mayor con bastón y otro más joven, observaban la televisión. Enfrente de ellos cinco mesas, cada una diferente a la otra. Todas redondas y de la misma medida, pero con colores e inscripciones bien diferenciadas. El hombre que nos estaba haciendo de guía nos explicó que cada una pertenecía a un núcleo de las Panteras Negras. Su núcleo era el de Cantareira, aunque nos ofreció pegatinas e insignias del grupo Matosinhos, las cuales aceptamos de buen gusto. En ningún momento hablamos el mismo idioma pues no hacía falta, nos entendíamos aunque fuera por gestos. Nos dijo que las dependencias pertenecientes a los ultras constaban de cuatro salas. Tras mostrarnos la primera de las mesas, nos condujo a otra llena de bufandas del club de sus amores. En esa misma nos enseñó su tatuaje con el escudo del Boavista y otro distinto en el que se veía la cara de una pantera. Al momento, la imagen más inesperada y extraña de la tarde, se quitó la camiseta y nos mostró el enorme tatuaje de un marciano en su espalda. No terminábamos de entenderlo, pero él parecía muy orgulloso de ese tatuaje. Tras esto comenzamos a hablar de fútbol. ¡Qué raro!

La pregunta era obvia: ¿Cómo se sentían tras la vuelta de su equipo a primera división?. La respuesta era más predecible incluso. La felicidad era desbordante ya que no es un año más para ellos; tras seis temporadas en las que cayeron en el olvido, volvían a la élite. Nos comentaron que aquel descenso administrativo a causa del Silbato Dorado (escándalo de compra de árbitros en el que también se vio involucrado el Oporto) era injusto. Ahora, vuelven de nuevo por la misma vía, pero tienen los pies en el suelo. Ya en la última sala en la que nos encontramos con otros ultras, nos dijeron que tienen que ir poco a poco, que son muy pequeños.

Cartel del Boavista campeón en la 2000/2001

Cartel del Boavista campeón en la 2000/2001

Han ascendido dos categorías de golpe y no se pueden precipitar, eso sí, confían ciegamente en Petit, un entrenador que en su etapa como futbolista dio muchas alegrías a estos hombres. Digo hombres, porque entre todos los ultras que allí se concentraban solo había una mujer, la cual bien podía ser la hija de alguno, ya que parecía en edad adolescente. La vimos fugazmente, mientras seguíamos hablando del deporte que amábamos. El hombre que nos hizo de guía nos enseñó fotos del equipo campeón de la temporada 2000/2001. Se sabía los nombres de todos los jugadores casi de carrerilla, palabras especiales para el mencionado Petit, Erwin Sánchez, Roberto o Litos, entre otros. Al hombre se le iluminaba la cara sólo con recordar aquella temporada, dice que fue un milagro ganar aquel título. Cabe recordar que en toda la historia de la liga portuguesa los títulos se los han repartido los tres grandes, a excepción de dos temporadas. Os Belenenses en 1946 y Boavista en 2001. Grandeza de un club de barrio.

Tras hablarnos de aquella histórica temporada, no dudó en sacar el carnet de socio, donde atestiguaba ser el socio número 18 de la entidad. 40 años de fidelidad ininterrumpida. Aquel hombre se conservaba realmente bien. No sabíamos a ciencia cierta qué edad tenía pero sí que ya era abuelo, mostrándonos una serie de fotos de la pared. Fotos, todas ellas familiares, con niños vistiendo la camiseta del Boavista. Lo primero que hizo al nacer su nieta fue ponerle la camiseta del Boavista y hacerle una foto. Esa niña, había nacido con unos colores, los negros y blancos que su abuelo lleva 40 años defendiendo. En esta última sala, con billares, fotografías familiares y multitud de bufandas de la entidad, comenzaron a llegar más aficionados del equipo. Éramos la novedad para ellos y nosotros tan cómodos. Uno especialmente, me cogió demasiado afectó, no sé si las Super Bock que se habría tomado ya le habían hecho efecto o simplemente que le caí en gracia por el interés mostrado en ellos. No recuerdo muy bien cómo entró, quizás ya estaba en esa sala antes. La verdad hay detalles que se me escapan, ya que estábamos anonadados con cada pequeña historia.

Banderas propias del núcleo

Banderas propias del núcleo

El hombre al que le caí en estima nos preguntó de dónde éramos. Españoles dijimos, y recordó al momento un episodio con un equipo español. En la temporada 2002/2003, el Boavista jugó ante el Málaga los cuartos de final de la Copa de la UEFA. Los ultras dijeron al unísono que se pegaron con los aficionados del Málaga. Alguno incluso gesticulaba explicando cómo había sido el enfrentamiento entre hinchadas. Al instante recordaron las semifinales ante el Celtic, que les privó de jugar ante el Oporto la gran final. Sonreían ampliamente.

No nos estábamos dando cuenta, pero el tiempo empezaba a echársenos encima. Nos estábamos olvidando completamente para qué habíamos ido a la ciudad lusa. Quedaba menos de una hora para que arrancara el homenaje a Deco y nosotros estábamos embobados escuchando a aquellos hombres sin saber llegar a la cancha de los dragones -tampoco se podía decir que lo estuviéramos pasando mal-. El aficionado al que le caí en estima me comenzó a hablar de la vida y que las cosas en Portugal no estaban nada bien, me sentía un psicólogo el cual no termina de entender al paciente. Tras un segundo de lucidez, nos dimos cuenta de la hora, debíamos marcharnos, aunque antes de nada, nuestro guía nos llevó a su coche y nos comenzó a sacar banderas de su núcleo. Quería que le fotografiáramos junto a ellas de recuerdo.

'Cantareira', uno de los núcleos de las Panteras Negras

‘Cantareira’, uno de los núcleos de las Panteras Negras

Ya estábamos otra vez en el cerco del estadio, nos tocaba irnos. Varios de los aficionados que nos habían abierto las puertas de su casa, nos abrazaron y nos instaron a que fuéramos a la presentación del equipo el 2 de agosto. Imposible, nuestro viaje no duraría tanto. Nos recordaron que el primer partido en Do Bessa en el regreso del equipo a primera sería ante el Benfica, nada menos, en la segunda jornada. Primero visitarían Braga. Eso sí, nos dijeron que si íbamos tendríamos que ver el partido con ellos. Ninguna objeción al respecto. La amabilidad de aquellos ultras a los cuales no conocíamos de nada, nos caló hondo. El mismo hombre corpulento que nos había abierto al principio, encargado de llevar las llaves, nos cerraba la puerta exterior del estadio. Todos nos despidieron agradecidos. No podíamos parar de sonreír. El Boavista había entrado en nuestros corazones por la amabilidad de su gente. Como era de esperar, llegamos media hora tarde a Do Dragão, pero poco importaba ya, nuestra historia había estado en Do Bessa. Estos aficionados nos volvieron a demostrar que ellos son el fútbol, el bello deporte les pertenece. El fútbol es del pueblo. Gracias Panteras.

Andrés Cabrera

Mientras respire seré periodista deportivo. Me encanta el fútbol y el aura que lo envuelve. La pasión de este deporte es incomparable, única.
Twitter: @Andres_inter

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2 Comments en Boavista, momento justo, lugar indicado

  1. Zélia Tavares // julio 29, 2014 en 11:04 am // Responder

    Obrigada a vocês, pela vossa simpática e maravilhosa reportagem. Sou do Boavista e adorei ler a vossa página. Maravilhosa! OBRIGADA!

  2. obrigada por divulgaram a causa axadrezada no vosso pais.
    grandes ultras panteras negras 84.

    GRACIAS!
    só os fortes resistem, só os fracos desistem!
    BOAVISTA SEMPRE.

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