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Conejo, el primer héroe de Costa Rica en la Liga

Veinte años antes de que Keylor Navas se consagrase como uno de los mejores porteros de la Liga, el más mítico guardameta costarricense llegó a España. Luis Conejo se había convertido en leyenda con su histórica participación en Italia '90 y el salto a Europa era un paso inevitable. En Albacete se convirtió en protagonista de un equipo de leyenda.

La revista France Football no había tenido dudas a la hora de elegir sus nombres más destacables del torneo. Soló Walter Zenga, el inexpugnable portero neroazurri, fue elegido por encima de un jugador que hasta ese mes de junio era totalmente desconocido. La prestación de Luis Conejo en el Italia ’90 fue, sin duda, memorable. Para un país que hacía su debut, la campaña protagonizada por los “Ticos” fue de sobresaliente. Gracias en parte a los reflejos y agilidad del “Conejo”.

Hablar de Luis es hablar de ese Mundial y de esas paradas que desesperaron a los delanteros escoceses en el partido inaugural del grupo, que terminó con el triunfo de los centroamericanos. También es recordar el durísimo encuentro contra una Brasil que tuvo que sufrir de lo lindo para superar la línea defensiva de Costa Rica. Conejo mantuvo su portería casi imbatible hasta el suspiro final y contra los suecos logró su mejor partido. El que sería su último encuentro en la cita.

Italia 90 - Luis Gabelo Conejo  luchando con Careca para alejar el peligro de su arco

Una dura lesión en un lance le apartó del encuentro de octavos contra Checoslovaquia. Sin su talismán los costarricenses cayeron de forma clara. La leyenda solamente había empezado a dibujarse. Conejo llegó de Italia ’90 como un héroe nacional, protagonista con galones de líder en la fase de clasificación que había permitido a su país hacer historia. Con México suspendido por la FIFA, los centroamericanos alargaron la clasificación de forma clara.

El jugador del Club Sport Cartaginés –por quien había fichado el verano anterior después de casi una década con la camiseta del AD Ramonense– era ahora uno de los porteros más codiciados de los clubes europeos. Terminó por recalar en España, en las prados de la Mancha que dan color a Albacete.

El Mundial de Italia ’90 ayudó a Luis Conejo a dar el salto hacia Europa, concretamente a Albacete. 

El “Queso Mecánico” de Benito Floro fue uno de esos equipos icónicos de inicios de los noventa. Una formación humilde y modesta pero que practicaba un fútbol sumamente atractivo y que logró conquistar el cariño del público más allá de las filiaciones. Su acogida fue inmediata por los veteranos de un club que peleaba por un ascenso que hace años se les escapaba.

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En su primer año con el “Alba”, el portero y su inconfundible bigote lograron la promoción a Primera en compañía de otro histórico de entonces, el “SuperDepor”. Con una defensa que incluya a Geli, Coco, Juarez y Oliete, los manchegos se transformaron en la gran revelación de la temporada siguiente terminando la campaña liguera en un notable séptimo puesto. La prensa rápidamente se sacó de la chistera el apodo de “Queso Mecánico” que reflejaba bien el espíritu ofensivo y desacomplejado de ese equipo. Eso sí, Floro sabía que en situaciones de peligro estaba el ágil Conejo para atajar el balón. Ese fue el momento cumbre del equipo que, en la temporada siguiente, tuvo que pelear en un playoff contra el Mallorca para mantener la categoría gracias a un gran partido de su portero en la vuelta, en el Carlos Belmonte.

Conejo terminó por quedarse un año más, temporada de sufriemiento tras garantizar la categoría dos jornadas antes del término de la temporada. Ese verano de 1994 volvió a Costa Rica para poner punto y final a una carrera que llevaba ya tres lustros. El Albacete terminó por descender justo ese año. En Costa Rica, el portero fue recibido como un héroe aunque su último partido como internacional lo había disputado en 1991.

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Las dificultades de acudir a las concentraciones desde España fueron decisivas para su renuncia temprana a la portería de los “Ticos”. Conejo volvió, no obstante, al combinado nacional pocos años después de retirarse, en calidad de entrenador de porteros. Fue ahí donde empezó a pulir a aquel que hoy es su sucesor espiritual, Keylor Navas, recomendando su fichaje al Albacete.

Ahí empezó el periplo de Keylor, que luego se pasó al Levante antes de que su magistral Mundial en Brasil –como el de su maestro– le llevase a otro nivel, al Real Madrid. Dos historias que se cruzan bajo la sombra de la leyenda en un país carente de héroes futboleros y que ha encontrado en la portería una saga que parece no tener final a la vista.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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