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Geremi, el obrero indispensable

La trayectoria del jugador camerunés en el Real Madrid

Cuando Geremi llegó al Bernabéu nadie fue a comprar el periódico para guardarlo para un futuro. Geremi era ese tipo de fichaje que no ilusiona pero que hace que una plantilla tenga alternativas en los momentos más complicados. Y el camerunés supo estar en esas fechas. Asumió su rol desde un principio y en su paso por el Real Madrid demostró que lo tenía todo para ser el mejor jugador número 12. 

Foto: www.futbolia.com

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Lo vimos de lateral. Lo vimos jugando de pivote, de interior y hasta de extremo derecho en alguna tarde plácida de primavera. Básicamente lo vimos en todos los lados porque, en realidad, la omnipresencia era una de sus características. Geremi Nijitap no era ni el más talentoso, ni el más fuerte, ni el más rápido o el más técnico. Pero era siempre el que mejor se adaptaba a las emergencias.

Y de ese modo, una carrera que podía haber quedado en nada se convirtió en casi una década de inolvidables partidos. El camerunés, que llegó a Madrid de la mano de John Benjamin Toshack, terminó por tener un papel más que relevante en dos triunfos europeos de los blancos antes de demostrar, en Londres, que lo suyo era más que un simple espejismo.

Geremi fue uno de los jugadores más polivalentes que pasó por el Real Madrid, lo que le valió mantenerse en la plantilla durante tiempo. 

Geremi nació para el fútbol en Bafoussam. Su padre había sido internacional con Camerún en los años setenta, cuando el país empezó a hacerse un nombre en el fútbol continental. El balón le corría por las venas y después de brillar en un torneo juvenil en Brasil con su combinado nacional terminó por fichar por Cerro Porteño de Paraguay. Un paso corto y discreto pero exótico que le permitió aprender a adaptarse a lo inesperado.

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De Sudamérica se pasó a Turquía, otra liga exótica a mediados de los noventa para jugar por el casi anónimo Gençlerbirligi. Su impacto fue inmediato. En 1999, con 21 años recién cumplidos, fue elegido el mejor jugador de la liga y con ese cartel aterrizó en Madrid en el mismo paquete que otra elección de Toshack inspirada por su paso por Turquia, Elvir Baljic. El destino de uno y otro no podía haber sido más distinto. Geremi se integró de inmediato. Su polivalencia le permitía jugar más de lo esperado y, cuando Toshack fue cesado y en su lugar llegó Vicente del Bosque, el centrocampista rápidamente fue adoptado por el entrenador como uno de sus legionarios de servicio.

Geremi sabía que, en un equipo de estrellas, le tocaba un papel secundario pero lo desempeñó sin quejarse y dando siempre lo mejor de sí mismo. A la vez que empezaba a hacerse un nombre en su tierra natal –llegó a ser el segundo jugador con más partidos internacionales después de Rigobert Song– formó parte en esa inesperada campaña europea que terminó en París con la conquista de la Octava. Fue suplente pero Del Bosque tuvo palabras para él, calificándole, con McManaman, como uno de los pilares del buen humor del vestuario. Los dos años siguientes siguieron el mismo patrón.

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Florentino Pérez, el nuevo presidente, seguía fichando a jugadores y Geremi seguía encontrando una forma de ir jugando y demostrando su valía. Cuando el Real volvió a conquistar Europa, su rol había sido relegado a un segundo plano de forma definitiva, algo que no se adecuaba con la medalla olímpica conquistada en Sidney o los triunfos con Camerún en la Copa de África de 2000 y 2002, galardones que llevaron incluso a que estuviese entre los nominados al Balón de Oro.

El camerunés siempre quería algo más que ser un jugador número 12, buscando oportunidades para ser asiduo en los onces iniciales. 

Geremi quería jugar de forma regular y logró que el club le prestara al Middlesborough, por entonces un equipo con cartel en Inglaterra. Su impacto fue inmediato y el jugador fue fichado en el siguiente verano por el Chelsea. Coincidencia o no, el Real Madrid sin él se fue quebrando año tras año a la vez que los blues empezaron a vivir sus mejores temporadas, sobre todo después de la llegada de José Mourinho que, de inmediato, empatizó con el espíritu luchador del africano.

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En el Chelsea, Geremi jugó cuatro temporadas a buen nivel, siempre como uno de los suplentes más utilizados por el portugués, apuntando goles importantes y disputando algunos partidos claves. Quizás fueron sus mejores años como futbolista pero, una vez más, tal como había sucedido en Madrid, le faltaba ser regular para sentirse realizado, así que en julio del 2007 fichó por el Newcastle. En St. James´s Park pasó año y medio antes de volver, de forma inesperada, al fútbol turco, fichando con un contrato millonario por el Ankaragücü.

La experiencia fue corta y medio año después el jugador cruzó el Mar Egeo para firmar por el Larissa griego donde disputó sus últimos partidos como profesional, no antes de haber participado en su segundo Mundial, en Sudáfricadonde pudo ser testigo de primera mano del éxito internacional de su viejo mentor en Madrid, Vicente del Bosque. El ciclo que se había empezado a dibujar bajo el cielo de Madrid se cerraba en la otra punta del mundo.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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