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Chilavert, un portero goleador en Zaragoza

El mítico portero paraguayo pasó por la liga española

Fue uno de  los grandes iconos en las porterías de los noventa. Antes de transformarse en una celebridad mundial, pasó tres años en Zaragoza. José Luis Chilavert hizo nombre por sus dotes goleadoras pero también fue uno de los más talentosos porteros de su generación.

El 28 de enero de 1990 La Romareda fue testigo de uno de esos momentos mágicos. En un partido intenso entre los “maños” y la Real Sociedad, una falta en el área llevó al árbitro a señalar de inmediato hacia el punto de penalti de los visitantes. Corriendo, desde el otro lado del campo, el portero del Zaragoza se marchó como una exhalación para no perder su oportunidad. Después de una pequeña charla con sus compañeros, cogió el balón, miró a la portería contraria y disparó al fondo de las redes.

Era su segundo gol oficial –el primero había llegado medio año antes en un partido internacional– pero no sería el último. Segundos después, cuando todavía caminaba hacia su portería celebrando, el balón le pasó por encima y entró. Aprovechando la parsimonia del paraguayo al volver a su puesto, Goikoetxea aprovechó el saque para marcar. En lo mejor y en lo peor, en los noventa, Chilavert hizo de los porteros goleadores un arte.

Chilavert continuó la línea de ese portero atrevido de Sudamérica que le gusta jugar con los pies. 

El paraguayo se especializó en marcar goles de penalti y falta directa. Hasta hoy es el único portero del mundo que ha marcado un hat-trick en un partido oficial, todos ellos de penalti. En una costumbre más habitual de lo que nos podemos creer en el fútbol sudamericano, él era el heredero de varios otros guardametas con apetito de gol. Sus cifras son impresionantes. Los goles los marcaba, sobre todo, de penalti pero también marcó varios de falta directa.

Todos los niños porteros en los noventa soñaban en atajar como Schmeichel y marcar goles como Chilavert. Sus talentos, no obstante, sobrepasaban de largo lo más anecdótico. José Luis era antes de todo un grandísimo portero entre los palos, un implacable comandante de su área y un auténtico líder para los suyos. Provocador e intenso, el mundo lo conoció sobre todo gracias a sus paradas memorables en Francia 98.

Después de soportar el asedio español en el decisivo segundo partido de la fase de grupos, fue un gigante en el encuentro de octavos de final contra los anfitriones. Solo un gol de oro en la prórroga terminó con su secuencia interminable de paradas imposibles. Ese fue el momento en que el mundo reconoció a Chilavert un talento que iba más allá de sus dotes de goleador –al final del torneo le eligieron como uno de los dos mejores porteros de la competición, al lado de Barthez- pero en Zaragoza ya lo conocían.

El Real Zaragoza contó con el portero paraguayo durante tres temporadas en las que destacó. 

En 1988 aterrizó en la capital aragonesa como uno de los porteros con mayor proyección del fútbol sudamericano. Todavía faltaban dos años para que los porteros del continente americano se pusiesen de moda en Europa. Fue después del Mundial de Italia cuando se empezó a escuchar muy a menudo los nombres de Higuita, Conejo, Meola, Taffarel y Goycoechea. El pionero en Europa de esa mítica quinta fue el paraguayo. Chilavert llegó a España después de despuntar en San Lorenzo de Almagro argentino, club que le fichó desde el fútbol paraguayo en 1985 cuando todavía era un adolescente.

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Sus dos primeras temporadas con el club fueron de alto nivel. Jugó casi todos los partidos del conjunto maño dejando muy buena impresión, algunas paradas de antología y un carácter –para lo bueno y para lo malo– difícil de olvidar. Fue uno de los primeros porteros-líbero en el fútbol español. Los aficionados del Zaragoza sufrían cada vez que salía de su portería a recoger un balón o para empezar una jugada.

Con Velez, Chilavert alcanzó la gloria de la mano de Carlos Bianchi, destacando en el campeonato nacional.

Para el equipo funcionaba como un hombre extra pero, para los aficionados, sus actitudes, en una etapa donde todavía se podía retrasar el balón al portero, se asemejaban más a un suicidio. En 1990-91 su situación cambió. Había llegado a ser internacional un año antes antes, en agosto del 1989 y su carácter empezaba ya a chocar con el club. Se volvió a Argentina para dar inicio a la etapa más exitosa de su carrera.

En 1993 fichó por el Velez Sarsfield, entonces entrenado por Carlos Bianchi, convirtiéndose en el líder de lo que fue, a la postre, uno de los mejores equipos de la década. Con Vélez, Chilavert ganó por cuatro veces la liga argentina (Tres Clausuras y un Apertura) y la Libertadores  antes de consagrarse definitivamente en una final de la Intercontinental contra el AC Milan de Fabio Capello en 1995.

Foto: http://futbol.hispavista.com/

Foto: http://futbol.hispavista.com/

Después llevó a Paraguay a disputar su primer Mundial en 12 años y volvió a repetir cuatro años después en Corea y Japón, aunque los resultados fueron bastante distintos. Eso sí, después de  haber sido el primer portero en marcar un tiro de falta (contra Bulgaria), en Corea lo volvió a hacer, frente a Casillas, aunque con el mismo resultado.

Con un carácter a veces imposible, tuvo encontronazos con sonadas figuras del juego como Maradona, Roberto Carlos, Asprilla o Abreu. Marcó muchos goles, paró otros tantos y nunca dejó de decir lo que pensaba. En España ayudó a quebrar el tabú del portero-libero  que se había mantenido vivo en Sudamérica después de su origen en Centroeuropa. En Zaragoza seguramente se acuerdan de lo que disfrutaban y sufrían siempre que “El Loco” subía al ataque en el césped de La Romareda.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

1 Comentario en Chilavert, un portero goleador en Zaragoza

  1. Los aficionados a la Real Sociedad nunca olvidaremos aquel gol de Goikoetxea a Chilavert, a pesar de que perdimos el partido

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