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Balint, un campeón de Europa en Burgos

Recuerdo del jugador rumano en España

Burgos ha sido ciudad de reyes pero desde hace alguien tiempo que la bella ciudad castellano-leonesa ha dejado de funcionar como el domicilio de los monarcas españoles. De tal modo que el último “rey” a pasar por la ciudad en realidad era de origen rumana y terminó coronándose de forma inesperada como señor de Europa. En España Gabi Balint conoció la gloria y fue en España donde vino a ejercer por última vez  su regia condición.

Sevilla. Mayo del 86. En una ciudad invadida  por un ejército de seguidores blaugranas, un pequeño grupo de rumanos soñaba con algo tan grande que parecía imposible. No lo fue. En esa noche de primavera el todopoderoso Barcelona no supo mirarse al espejo sin sentir miedo de su propia sombra. Tembló por dentro, flaqueó por fuera y después de más de ciento veinte minutos de poco fútbol, cayó bajo la sombra de las grandes penalidades. Al otro lado de la acera, la que parecía destinada a caer en el olvido de la historia, el pequeño ejército de resistentes rumanos celebraba la astucia de su portero Duckadam. Entre ellos, el inmenso delantero Gabi Balint. No había tenido demasiadas oportunidades para brillar con su equipo, escorado casi en su campo, pero suyo había sido el último penalti convertido del partido. Del día a la noche,  Balint y los suyos se convertían en héroes en Rumania. En Reyes en Europa.

El Steaua de Bucarest se ha había impuesto al FC Barcelona en una agónica final de la Copa de Europa. Balint estaría en el colectivo rumano.

El delantero que tenía por segundo nombre Pelé – por la devoción que su padre tenía al genio brasileño – había sido fichado por el Gloria Bistrita, el mayor club de la zona de Transilvania, en 1978 cuando tenía 17 años y era ya una de las mayores promesas del fútbol joven rumano. Duró solo dos años en su nuevo club hasta que el todopoderoso Steaua, el club patrocinado por el hijo mayor del clan Ceausescu, moviera ficha para incorporarle a sus filas. Eran días difíciles para el club del ejército, que tenía que convivir con la dura competencia del Dinamo de Bucarest, Timissoara y el Universitat Craiova.

Foto: http://www.fcsteaua.ro

Foto: http://www.fcsteaua.ro

En 1985, su suerte cambió de forma definitiva. El equipo conquistó su primera liga en largos años – la primera de cinco consecutivas, hasta el final del régimen comunista – y en la temporada siguiente conquistó el fútbol europeo. Los que pensaban que era obra de la casualidad se equivocaron. Tres años después, en el 89, el Steaua volvió a una final de Copa de Europa. De nuevo en España aunque con resultado bien distinto. El AC Milan de Sacchi y su quinta de holandeses y canteranos pasó por encima de los rumanos poniendo punto y final al cuento de hadas del equipo de Bucarest. Para Balint – sustituido al descanso – fue el principio de un curioso y largo viaje que terminó en Burgos.

Con la caída del imperio comunista en Europa del Este, la mayoría de los futbolistas de nivel corrieron con sus pasaportes y pasaron al otro lado de lo que antes era el telón de acero. Ucranianos, rusos, polacos, búlgaros, checos o alemanes orientales rápidamente llegaron a las principales ligas europeas. Los rumanos no fueron excepción. Hagi fichó por el Real Madrid, Raducioiu por el Bari, Mario Lacatus por la Fiorentina y Balint terminó en Burgos. En 1990 – pocas semanas después de su fulgurante estreno en un Campeonato del Mundo donde apuntó dos goles y del Pichichi conquistado en la liga rumana- firmó con el club burgalés, por entonces recién promovido a Primera División. En la mágica ciudad castellanoleonesa, Balint estaba acompañado de jugadores como Eluayen o Pacheta.

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El delantero rumano siguió dando muestras de ser un jugador de nivel. En 83 partidos a lo largo de tres temporadas, apuntó 30 goles. Su primera temporada fue de ensueño y el recién ascendido casi terminó el año en puestos europeos, un hito que a punto estuvo de lograrse también en la temporada siguiente. Un depredador entre los centrales rivales, su origen rumano – de Transilvania para ser más concretos – fue motivo de varias anécdotas entre compañeros y aficionados del Burgos que, rápidamente, le empezaron a apodar como “El Vampiro del Area”. Su tercer año en Burgos terminó, de hecho, como una película de terror. Muchas lesiones, pocos partidos disputados y un descenso anunciado pusieron punto y final en la experiencia en la máxima categoría del Burgos. Fue también el punto y final de la carrera del delantero, demasiado castigado en sus rodillas.

Con 30 años, Balint anunció su retirada incorporándose de inmediato al equipo de entrenadores adjuntos de Angel Iordanescu, el seleccionador rumano que preparaba el Mundial de Estados Unidos donde los rumanos serían una de las grandes sensaciones. Fue el principio de su carrera como entrenador aunque jamás pudo repetir en el banquillo sus logros en el terreno de juego. Su sombra mítica sería eternamente recordada en Burgos, una ciudad de reyes que acogió en sus últimos días en la élite del fútbol español a un verdadero rey del futbol europeo.

Miguel L. Pereira

Periodista y historiador, apasionado del fútbol desde sus origenes hasta ayer por la noche. Director de @FutebolMagazine y Redactor en Kaiser. Autor de los libros 'Noites Europeias', 'Sonhos Dourados' y 'Kroos: El Maestro Invisible'.
Twitter: @Miguel_LPereira

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