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Sankt Pauli, la representación obrera de Hamburgo

La historia del peculiar y excéntrico equipo alemán

Hamburgo siempre ha sido muy cosmopolita. A ello, ha ayudado un puerto marítimo -segundo más grande de Europa tras el de Rotterdam- que ha suscitado numerosas idas y venidas de barcos, personas y algún que otro mercader que buscaba afincamiento en la urbe para tratar de aprovechar las riquezas que generaba a la ciudad el comercio marítimo. Esto, amén de una sociedad que supo comprender y explotar la situación reinante -la cuadriculada Alemania y tal- ha ido haciendo de Hamburgo la ciudad elegante, venidera y culta que domina el norte del país teutón.

Foto: robmilnesport.wordpress.com

Dentro de la ciudad, existe un distrito que traza la realidad de sus calles convergentemente a la majestuosidad de Hamburgo. Allí, cerca del Mar del Norte, se erige Sankt Pauli, área rebelde y protestante dentro de la excelencia teutona, refugio de aquellos a los que la ciudad les venía grande y preferían cobijarse al lado de la clase obrera. Con el paso del tiempo Sankt Pauli se ha erigido en uno de los barrios rojos europeos por excelencia. Por sus calles pasean músicos, artistas o escritores en busca de la tranquilidad que solo aquellos que comprenden el modo de vida del barrio saben encontrar. Sankt Pauli es una forma de evasión de la realidad, de vida pasajera y disconforme con lo que pasa fuera de su distrito, de negocio sexual favorecido por el negocio portuario de la zona. De hecho, la calle Herbertstraße fue la única en la que se ejerció la prostitución durante la Alemania nazi. Pero eso es otra historia sobre la que quizá ahondemos otro día.

Había que refrendar ese aire distintivo y original, ese axioma que hacía de Sankt Pauli algo atractivo. Y el fútbol, fenómeno de masas, fue clave en el proceso. El FC Sankt Pauli tiene más de un siglo de historia. Era 1910 cuando el club se fundó. Sin embargo, no iba a ser una escuadra al uso. Sabía que tenía una población que le respaldaba hasta el fin, pero que no lo haría de cualquier manera. Sería en función de lo que regía el día a día en Sankt Pauli. Y así fue. Desde el primer momento el club se declaró en sus estatutos antifascista, antirracista y anti homofóbico. Y sus habitantes vieron en el club el espejo perfecto donde mirarse y mostrarse al mundo.

Sankt Pauli es uno de los clubes más peculiares del mundo. Reconocido en Alemania por su clara postura antifascista, antirracista y anti homofóbico.

Conocidos como los Piratas del Elba en honor al nombre del río que transita por sus calles y al alto grado de piratería que siempre ha existido en el Mar del Norte, el club siempre ha llevado una gestión raramente comprensible para cualquier otra institución. El St.Pauli es el equipo del pueblo. No importa la categoría donde esté el equipo o la racha del equipo, el fútbol es la excusa perfecta para abarrotar el estadio -han llegado a llenar el estadio 20.000 personas en regional- y mandar mensajes antifascistas o de izquierdas a través de símbolos que representan al propio club y que han tomado como suyos. Su gran masa social por todo el mundo gracias a sus ideales se divide principalmente en socialistas, anarquistas y comunistas. Además, se convirtió en el primer club en tener un presidente homosexual, con lo complejo que resulta en el fútbol defender este tipo de situaciones, y en luchar y perseguir cualquier actividad fascista o nacionalsocialista abiertamente.

Exjugadores del Sankt Pauli celebran el centenario del club en un partido disputado en mayo de 2010

Exjugadores del Sankt Pauli celebran el centenario del club en un partido disputado en mayo de 2010

Sankt Pauli es cultura. Cualquier paseo por sus calles, el ir y venir de teatros, el arte natural y espontaneo. La música. El rock y el punk, principalmente. De hecho, su ingreso en la élite futbolística en 1977 sirvió de trampolín, de plataforma para un género como el punk que hizo del club un ejemplo cultural a ojos de todo el mundo. Sin embargo, como club de la clase obrera que ha sido siempre, al St.Pauli le asolaron los problemas económicos y tuvieron que deambular subiendo y bajando por las distintas categorías del fútbol alemán. De hecho, tan sólo en siete ocasiones han disfrutado de la máxima categoría del balompié patrio. Y ahora, su situación en segunda es francamente compleja, luchando por no descender frente a Vfr Aalen, 1860 München y Erzgebirge Aue.

El Hansa Rostock se ha erigido como algo más que un contrincante dentro del césped: “Si eres un nazi de Rostock, mejor no vengas al partido”, rezaba alguna de las pancartas.

Los Ultras Sankt Pauli son sus hinchas más fieros. Los que ven en el fútbol moderno un modelo de representación ideológica perfectamente aplicable. No es raro verles acompañar a su escuadra allá donde juega. Ni contemplar cómo hacen del Millerntor-Stadion una olla a presión donde hondean banderas piratas o del Ché Guevara mientras los jugadores saltan al campo al ritmo de Hells Bells, de AC/DC o cantan un gol mientras retumba Song 2, del grupo de rock alternativo Blur. Su gran rival deportivo es el HSV Hamburgo. Pero no el más acérrimo. Este se encuentra a unos ciento cincuenta kilómetros. Allí se encuentra gran parte de la extrema derecha votante del país. Allí, el Hansa Rostock se ha erigido como mucho más que un contrincante dentro del verde. “Si eres un nazi de Rostock, mejor no vengas al partido”, rezaba algún que otro panfleto anterior a algún choque entre las escuadras. Lo que se dice tener las cosas claras, vaya.

Todo esto ha llevado al St.Pauli a la singularidad, a lo atípico, al ser odiado o querido radicalmente. No hay término medio con los Piratas del Elba. Es la representación de lo no preestablecido, de la rebeldía y la clase obrera, de la voz crítica que se eleva sobre un deporte mermado por las brutales diferencias de dinero entre escuadras. El St.Pauli es ese fútbol rústico que cuida del aficionado, es ese aroma diferencial que tanto ofrece al mundo del espectáculo. Es romanticismo puro, es el fútbol del pueblo.

Adrián G. Mariscal

Periodismo UC3M. Muy de vez en cuando escribo cosas interesantes sobre fútbol. También juego. Aunque se me da peor.
Twitter: @AdriMariscal

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