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Cuando Kramer perdió la memoria en la final del Mundial

La inverosímil final del Mundial del centrocampista alemán

El partido perfecto no existe. Ni a nivel individual ni, por extensión, a nivel colectivo. Siempre habrá un control demasiado largo, un pase demasiado corto o simplemente una acción en la que tocaba temporizar y aceleraste demasiado. Dándole vueltas, creo que lo más parecido debe ser lo que cuenta el Toco y me voy del grupo argentino Bersuit Vergarabat. Además, no basta con conseguir la excelencia.

Foto: calciomaniaonline

Los momentos sublimes tienen que darse en escenarios sublimes, y donde todos querríamos tener semejante momento de inspiración no puede ser otro que el partido con que todos soñamos desde pequeños: la final del Mundial. En una de aquellas andaba el pequeño Chrsitoph el pasado 13 de julio.

Christoph Kramer es un mediocentro aplicado y con buen trato de balón. El Borussia Mönchengladbach y la selección de Alemania han visto en él un puntal en la medular.

Pequeño no por la edad (23), sino porque tampoco impone mucho a primera vista. Durante toda la estancia de la selección alemana en tierras brasileñas se le ve con la timidez propia de aquel que se coló contra todo pronóstico en la convocatoria de Joachim Löw. Y es que tras dos temporadas prodigiosas, el chico cambió los coquetos campos de la 2.Bundesliga por toda una cita mundialista.

Mientras Khedira calentaba a escasos 20 minutos de que arrancara el partido más visto cada cuatro años, de repente, tirón, mano al muslo y para cuando quiso acordarse, Kramer acababa de recibir las últimas instrucciones de la mano de Hansi Flick para jugar de titular el partido soñado. El de Solingen, ya en el escenario ideal, se acordó del Toco y me voy para que aquel partido trascendiera mucho más que sus otros doce minutos en el torneo.

Foto: Marca |  Kramer abandonó la final a la media hora de juego

Foto: Marca | Kramer abandonó la final a la media hora de juego

Un comienzo para ganar confianza: te la toco de primeras, vos si querés la agarrás; un primer verso simple, para liberar tensiones y empezar a jugar. Aquel Alemania – Argentina no pasará a la historia por ser una oda al fútbol y Kramer salió vivo del primer envite. Pasado el cuarto de hora inicial, el jugador del Gladbach se la jugó para acabar la estrofacada jugada que siento se hace realidad. ¡Toma ya!

Lo cierto es que Christoph es muy bueno. Lo suficiente como para hacernos soñar con la pelota en los pies, para sacar a Alemania de la lucha en el barro y decorar la tarde en Maracaná. Poco a poco, el chico se fue soltando, dejándose ver por el frente de ataque hasta que Rojo y Garay le cerraron el paso, golpetazo mediante. Un choripán improvisado que dejó noqueado al 23 alemán, que pasó de hacernos soñar a soñar por sí mismo.

De vuelta en pie, el wunderkind parecía recuperado. Minutos más tarde sería sustituido pero no sería hasta después de la celebración de la cuarta estrella teutona cuando nos enteraríamos de la verdadera intrahistoria. A raíz del golpe, Kramer no recuerda nada de lo ocurrido en la primera mitad de la final, pero sus compañeros de equipo sí.

En poco más de cinco minutos, Christoph dejó atrás su habitual timidez para preguntarle a Nicola Rizzoli si estaba jugando la final del Mundial, decirle a Neuer que se quitara los guantes que se ponía él, confundir a Thomas Müller con el legendario Gerd Müller y, la gota que colmó el vaso, intentar quitarle el brazalete a Philipp Lahm. O eso nos quisieron hacer creer los compañeros de la ZDF en una entrevista con Christoph tras el Mundial, con los jugadores del Bayern como cómplices de la broma

Una anécdota que muchos hemos dado por cierta y de la que solo trascendió realmente la pregunta al colegiado italiano, que propuso a Schweinsteiger el cambio del centrocampista del Gladbach por las posibles secuelas del golpe, un tema de rigurosa actualidad a raíz de casos como el de Álvaro Pereira, Beto o Hugo Lloris.

Ya asentado en la élite del fútbol alemán, Kramer sigue haciendo soñar a propios y ajenos con un Borussia Mönchengladbach que pretende hacerle sombra al todopoderoso Bayern. A veces se mete tanto en el partido que él mismo se pone a soñar, como con el autogol que le costó los tres puntos a su equipo ante el Borussia Dortmund. Al final, lo bueno compensa sobradamente lo malo y toda anécdota queda eclipsada por un jugador que ya llama con fuerza a las puertas de los equipos más grandes del viejo continente. Soñando y haciendo soñar, siempre con Bersuit Vergabarat de fondo.

Nahuel Miranda

Uruguayo de nacimiento, español de adopción. Ávido de historias. Aspirante a periodista, politólogo y lo que venga. Ávido de historias por contar. Alemania y Uruguay como temas fetiche, el fútbol como fuente de pasión.
Twitter: @nmdear

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