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Las dos caras del politizado fútbol israelí

El Beitar y el Hapoel Katamon enemigos por naturaleza

El fútbol suele ser un fiel reflejo de la sociedad donde se desarrolla. Como en Jerusalén, donde conviven el Beitar y el Hapoel Katamon, dos antagónicas maneras de entender este deporte y este país. El escudo de los primeros lleva la menorá (candelabro de siete brazos), importante símbolo del judaísmo. El de los segundos es rojo y negro, con la hoz y el martillo.

La grada del Hapoel Katamon Jerusalem FC

La grada del Hapoel Katamon Jerusalem FC

Israel es un estado polarizado, marcado por la violencia de un conflicto que no parece tener final. Jerusalén, una ciudad partida. Como casi todo en el país, el fútbol siempre ha estado muy politizado. En las primeras décadas de existencia de Israel como estado independiente, gobernaron los laboristas y, a través de su organización de sindicatos Histadrut, crearon equipos de fútbol en todas las grandes ciudades con el nombre de Hapoel (trabajador). Con la caída del laborismo en los años 70, la mayoría acabaron en manos de empresarios, como el Hapoel Jerusalén, que ha pasado la mayor parte de su historia en la Ligat ha’Al, la primera división. Pero, en 2007, con los directivos luchando entre ellos por el poder de un club en decadencia, descendieron a Tercera. Los fans, hartos, tomaron cartas en el asunto, creando un nuevo equipo con la idea de recuperar el espíritu inicial de la institución: el Hapoel Katamon, en referencia al barrio donde el equipo jugaba originariamente. Empezaron a competir en la quinta división y, cinco temporadas después, ganaban a su antiguo equipo en Segunda.

Una ciudad marcada por los conflictos de raza y religión

En un país donde la mayoría de equipos nacieron a raíz de un movimiento político, los clubs ligados al sionismo han ganado protagonismo en los últimos tiempos. El mejor ejemplo es el Beitar que, con 80 años de historia, ha conseguido sus seis títulos de liga en las últimas tres décadas. En la actualidad, es uno de los clubs con más seguidores del país, pero también es el más controvertido. Una parte importante de los líderes de derechas de la ciudad son seguidores del Beitar, y lo han utilizado como trampolín político en algún momento. Es el único equipo de la liga que nunca ha contratado un jugador árabe y sus ultras son los que más actos violentos han protagonizado. Presumen de ser los más nacionalistas y “Aquí está el equipo más racista del país” es uno de sus cánticos habituales. Entre banderas de Israel, es común ver pancartas con consignas anti-palestinas en sus gradas. Hace tres años, vimos hasta donde podían llegar. El club contrató dos jugadores chechenos musulmanes y “La Familia”, como se hace llamar este grupo ultra, no paró hasta que los echaron. Acosaron a los jugadores y a la directiva, destrozaron una sede del club y consiguieron su objetivo en pocos días. El entrenador terminó admitiendo públicamente que nunca más se plantearían fichar jugadores árabes o musulmanes.

Gabriel Kadiev, izquierda, y Zaur Sadayev, derecha, con el míster Eli Cohen. Los dos jugadores musulmanes por los que estalló la polémica en el Beitar.

Gabriel Kadiev, izquierda, y Zaur Sadayev, derecha, con el míster Eli Cohen. Los dos jugadores musulmanes por los que estalló la polémica en el Beitar.

El Katamon, la escisión del Hapoel Jerusalén, es el ejemplo contrario. A pesar de su corta vida, fue el primer equipo del país en alinear un jugador árabe. Es propiedad de sus aficionados y, con solo nueve años de existencia, ya compite por ascender a la máxima división nacional. Cada día tiene más hinchas, por su estructura cooperativa y por su compromiso social. Es un club de la gente y para la gente, con clara tendencia hacia la izquierda. Un tercio del presupuesto se destina a desarrollar programas sociales para luchar contra el racismo y la homofobia y promocionar el deporte femenino y la integración de inmigrantes. “La Liga de Vecindades”, campeonato infantil entre los distintos colegios de la ciudad con equipos mixtos de niños árabes y judíos, es uno de los proyectos que mayor repercusión ha tenido. En sus gradas vemos banderas cubanas y símbolos antifascistas. Económicamente, no pueden competir con los grandes clubs del país, pero ese no es su objetivo. No olvidan sus raíces y, aunque no paran de crecer en todos los aspectos, su fin último es recomprar el Hapoel, del que nacieron, y volver a ser un solo equipo, como dicta el segundo estatuto del nuevo club. Varias veces lo han intentado, pero el actual propietario no está dispuesto a vender, al menos, de momento.

“Hemos creado un nuevo equipo y nadie lo dominará” reza un cántico de la hinchada rojinegra.

Dos realidades enfrentadas, con Jerusalén de fondo. Dos maneras muy diferentes de entender la capacidad de este deporte para influenciar en la sociedad. Dos clubs extremos, que representan mucho más que unos colores.

Carlos Agudo

Me dedico a otras cosas, pero a veces escribo sobre fútbol. Cualquier historia que incluya pasión me interesa. Trashorrista. Me gustaba más el fútbol de antes. Colaboro con Revista Striker.

Twitter: @tujisno

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1 Comentario en Las dos caras del politizado fútbol israelí

  1. Excelente articulo.. muy interesante.

    Articulos como este nos recuerdan por qué nos gusta el fútbol… queremos más!

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