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Una casa para el pequeño Aubameyang

Los orígenes de Aubameyang

Los hermanos Tehau sobrecogieron hasta al parabólico más frío. Puro paternalismo, de eso no hay duda. Hasta el gol anotado a Nigeria por uno de ellos – Jonathan – fue celebrado como uno de nuestro equipo. Eran puro romance dentro de su humildad y sus colgantes tradicionales, que ensortijaban a sus rivales antes del comienzo del partido. Quizás ese núcleo familiar los hacía especialmente únicos, esa idea tan manida de hacer bloque hasta llegar a ser hermanos de sangre o, mejor dicho, de escudo. Los Aubameyang también son otra familia futbolística, menos conocida que la de los Boateng o que la de los Toure –incluso que los Tehau –. El pequeño de ellos, Pierre-Emerick, busca esa sensación acogedora, la misma de un buen hogar caliente por una chimenea de leña. El Borussia Dortmund como casa y el Signal Iduna Park como madera para hacer el mejor fuego.

Los Aubameyang son de Gabón, otra colonia africana de independencia tardía cuyo exotismo va más allá del azul, verde y amarillo de su bandera. No es un país conocido dentro del fútbol, quizás por el desconocimiento del ejercicio con la selección. No obstante, la familia gabonesa le ha dado un toque más llamativo, algo más allá de la viveza de lo tribal. Sólo han rozado dos cuartos de final en una Copa Africana de Naciones, la última en 2012 y con un penalti poco afortunado de Pierre-Emerick, que falló el propio en una tanda ante Mali en cuartos de final. Quizás sea porque el pequeño de los Aubameyang se encontraba solo desde los 11 metros, sin ningún hermano apoyándole desde el círculo central – ni Willy ni Catilina disputaron el torneo continental –.

Parece una cruel historia de un niño abandonado en una inclusa. Nada más lejos. Pierre-Emerick solamente ha buscado una estabilidad profesional desde su llegada a Milanello, una casa de acogida temporal por la que tuvo que pasar – también sus hermanos –porque Yaya, su padre, era miembro del equipo de scouters del Milan. Tampoco ha sido vilipendiado, ni mucho menos. Incluso llegó a triunfar en las categorías inferiores pero no era su momento. Además, Milán es una ciudad complicada seas del lado que seas.

Continuas cesiones por el Dijon, Lille o Mónaco no permitían encontrar su sino. Parecía ir con la vianda y el petate por toda Francia con el cartel de “jugador en transición”. No obstante, Saint Etienne era una ciudad diferente. Era un lugar pequeño, de unos 200.000 habitantes, y parecía cómodo para dejar los pertrechos. Sobre todo era acogedor. Además, el equipo de la ciudad poseía una historia sublime en cuanto a éxitos y jugadores se refiere. Platini, Rep o Blanc habían vestido la zamarra verde del conjunto del Loira. Pierre estaría a gusto.

Desde entonces, se desplegó como si hubiera estado retraído. Una razón de desconfianza, tal vez, impuesta desde oficinas rossoneras, las mismas que se han perdido la rapidez, habilidad y el olfato de gol del gabonés, ya que lo vendieron al conjunto francés tras estar un año en calidad de cedido, cómo no. Aubameyang es incisivo en todas sus acciones, teniendo un plus extra como el que sabe que no puede perder más el tipo, como si hubiera repetido curso años anteriores.

En dos temporadas y media eclosionó como esperaba que lo hiciese su padre que, seguramente, se hubiera lamentado de no haberlo tenido más cerca cuando trabajaba en Italia. 48 goles le han avalado, 21 en la última campaña con el Saint Etienne, números que manifiestan a espuertas el don de la confianza. Tener una mano estrechándote el hombro es lo que propicia en este deporte: resultados.

Aubameyang comienza una nueva etapa con el Borussia Dortmund. No es un neonato futbolístico porque ya sabe qué árbol da más sombra y cuál te cobija mejor. Los de la Cuenca del Rurh saben aprovecharse de esto, saben lo que es tener todo por la noche y amanecer con nada al día siguiente. Ahora, él y Mkhitaryan tienen que hacer olvidar, de alguna manera, a Mario Götze, el mirlo de Klopp y de toda la ciudad de Dortmund que se viste de amarillo. Por parte de Pierre-Emerick no hay problema si hay que estar preparado, ya tiene el entorno familiar que deseaba. Y si duda desde los once metros, tendrá a diez hermanos postizos apoyándole en el campo.

Guillermo González

Periodismo. Me dejo ver por Kaiser Football, Perarnau Magazine o Eurosport. Como Nick Hornby, durante largos ratos de un día normal soy un perfecto idiota.
Twitter: @Guille_futbln

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